Esta A amante lamenta haber hecho esperar tanto a genuinos amigos de este diario, a curiosos en general e interesados en particular, por esta confirmación: sí, a partir del 1 de septiembre, de manera temporal, La Razón no circulará en su versión de papel. Había que esperar esta última edición de papel para decirlo. La razón (con minúscula pero no menos importante) es sencillamente que la crisis económica boliviana y el impacto en el flujo de divisas golpeó en el núcleo nuestro esquema logístico de importación de materia prima como papel y tinta (nada menos). Mi abuela decía que todo pasa por algo. Este obstáculo en nuestras esforzadas operaciones de papel en verdad adelantó lo que ya todos sabemos: la inevitable transformación de la estructura de los medios que llamamos tradicionales. El fenómeno es global y el guión ya es conocido y reconocido en las sociedades: el traslado de los contenidos al condominio digital es obligatorio y no tiene vacuna contra el fracaso. Como en todo traslado, primero hubo que reservar un terreno y allí plantar los cimientos de nuestra casa digital. En eso estamos hace un tiempo y este paréntesis que se acaba de abrir en el proceso más tradicional y más costoso (que es hacer funcionar la enorme rotativa) nos vuelca de frente a la caja de los desafíos. Es una cajita pequeña que se llama teléfono o es una caja mediana que se llama computadora. Allí se están desplegando los contenidos de toda índole. Allí se levantaron también las principales pistas periodísticas.
Se dice fácil pero el cambio de ciclo no deja de ser delicado. Seremos un equipo más reducido y eso duele cuando se navegó en estos últimos años con una tripulación de primer nivel en lo profesional y de una lealtad a prueba de cualquier tormenta. Nos despedimos de algunos verdaderos hermanos con la abrigada esperanza de volver a llamar a estos colegas que hicieron de esta casa periodística un verdadero hogar para quienes trabajamos en esta montaña y un refugio cálido para una desafiante conversación pública en tiempos de crisis democrática.
Desde el 1 de septiembre doblamos la apuesta por un periódico en papel digital; por una arquitectura de producción de información e interpretación más útil para nuestras audiencias; por una energía adicional en nuestros programas de La Razón Plus: La Razón Radio, Piedra, papel y tinta, Marcas, Fútbol sin anestesia, Enfoque breve; por una presencia continua y pertinente en nuestras redes sociales; por formas a estrenarse en la difusión de nuestros contenidos exclusivos. Solo de pensar, esta A quiere que arranque septiembre y con él una primavera de ideas y de ganas de seguir floreciendo en calidad, en pluralidad, en credibilidad. Hacer periodismo es un sueño cumplido. Es un sueño al que no renunciaremos.
Las últimas líneas son las más especiales, son las más sentidas. Las últimas líneas de esta columna número 99 están reservadas para el grupo propietario que tomó el camino difícil de sostener con enorme esfuerzo este periódico que late desde la montaña sabia de Auquisamaña dando la cara con absoluta responsabilidad en tiempos adversos para los medios de comunicación, respetando la pluralidad que aquí se ejerce, o como dice el propio Carlos Gil, respetando la genética del medio.
Estas últimas líneas son también para mis compañeros de las interminables batallas por un periodismo honesto, leal con una visión de mundo que gira alrededor de la fraternidad, la justicia y la ternura. Se queden, se vayan dentro de unos días, estén en el periódico o aporten desde afuera, redacten noticias o manden una columna de opinión, nos lean con espíritu siempre crítico o vengan a nuestros estudios, columnistas o colaboradores esporádicos, dibujantes, fotógrafos, analistas, cineastas, periodistas, intelectuales, creadores, poetas, compositores, activistas de los derechos humanos, artistas… de ustedes y no de otros es este periódico. Lo dije y lo repito: La Razón no es de quien la compra sino de quienes la escriben y la dibujan cada día. A ustedes, el más sentido reconocimiento y la renovada invitación a seguir inventando amaneceres. Dar a luz amaneceres, ése es el papel de La Razón. El resto es solo La Razón de papel.







