El panorama económico de Sudamérica enfrenta retos cruciales en su búsqueda de sostenibilidad e inclusión. Con un financiamiento limitado y profundas brechas estructurales, la región debe repensar sus estrategias de inversión y coordinación a nivel nacional e internacional para abordar las desigualdades y promover el crecimiento. Este análisis se basa en el informe Latin American Economic Outlook 2024, publicado esta semana por la Organización para Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), con el respaldo del Banco Mundial. Destaca las áreas clave donde Sudamérica debe actuar con urgencia.
Según el informe, la región necesita un promedio anual de $us 99.000 millones para cubrir los objetivos de desarrollo sostenible (ODS). “La movilización de estos recursos exige una estrategia coordinada que involucre a los sectores público y privado”, subraya el estudio. Sin embargo, las economías sudamericanas enfrentan un crecimiento moderado y persistentes desigualdades. En 2023, la productividad laboral promedio de la región fue solo el 33% de la media de la OCDE, un descenso respecto al 40% registrado en 1990.
Además, la pobreza sigue siendo un obstáculo crítico. En 2024, se estima que el 26,8% de la población sudamericana vive en pobreza, y el 10% en pobreza extrema. Esta situación se agrava con la alta inflación, que ha incrementado los costos de los bienes básicos en un 20% desde 2021, afectando desproporcionadamente a los sectores más vulnerables.
Sostenibilidad de Bolivia
Bolivia enfrenta un conjunto particular de desafíos y oportunidades en el contexto del desarrollo con sostenibilidad, según el reporte de la OCDE. Con una economía altamente dependiente de la extracción de recursos naturales, el país ha experimentado dificultades para diversificar su economía y generar ingresos sostenibles. “La mejora en la gestión fiscal y la movilización de recursos domésticos son cruciales para fortalecer las bases de su desarrollo”, señala el informe.
En 2022, la recaudación tributaria de Bolivia representó aproximadamente el 20% de su PIB, situándose ligeramente por debajo del promedio regional. Este porcentaje refleja una estructura tributaria que sigue dependiendo en gran medida de los ingresos provenientes de hidrocarburos. “La implementación de impuestos más progresivos y la reducción de exenciones fiscales podría incrementar significativamente los ingresos y promover la equidad”, destaca el documento.
La OCDE también subraya la necesidad de diversificar las fuentes de financiamiento público. Instrumentos innovadores, como los bonos verdes y los canjes de deuda por naturaleza, podrían jugar un papel clave en canalizar recursos hacia proyectos sostenibles. Bolivia tiene un potencial significativo para explotar estos mecanismos, especialmente en sectores como la energía renovable y la protección de la biodiversidad.
Inclusión y desarrollo local
La inclusión financiera sigue siendo un desafío importante. Según el informe, solo el 54% de los adultos en Bolivia tenían acceso a una cuenta bancaria en 2021, una cifra que se encuentra por debajo del promedio regional. Las iniciativas de digitalización, como los pagos electrónicos y las plataformas de microfinanzas, podrían ser herramientas eficaces para cerrar esta brecha.
Además, las instituciones financieras de desarrollo (IFD) desempeñan un rol crucial en el apoyo a las micro y pequeñas empresas (Mipymes), que constituyen el 80% del empleo en Bolivia. Sin embargo, el informe señala que solo el 25% de los instrumentos financieros disponibles en el país están diseñados para fomentar la innovación o la transición hacia una economía verde.
La estrategia de Bolivia para el desarrollo sostenible debe centrarse en fortalecer su gobernanza fiscal, diversificar su economía y promover la inclusión financiera. Con el apoyo de alianzas internacionales y el uso de instrumentos financieros innovadores, el país tiene la oportunidad de sentar las bases para un crecimiento más equitativo y sostenible en los próximos años. El informe indica que “Bolivia debe aprovechar su riqueza natural no solo como una fuente de ingresos, sino como un catalizador para un desarrollo inclusivo”.
Reformas necesarias
Una de las principales limitaciones para financiar los ODS en Sudamérica y fortalecer la sostenibilidad es la baja recaudación tributaria. En promedio, los ingresos fiscales representan el 21,5% del PIB, muy por debajo del 34% de los países de la OCDE. “El sistema tributario de la región depende en gran medida de impuestos indirectos, que constituyen el 48% del total, frente al 32% en la OCDE”, destaca el informe.
Para mejorar la equidad y eficiencia fiscal, se recomienda expandir los impuestos recurrentes sobre la propiedad inmueble y los tributos relacionados con la salud y el medio ambiente. Por ejemplo, los ingresos por impuestos ambientales en la región representan solo el 0,9% del PIB, en comparación con el 1,8% de los países de la OCDE.
La región también enfrenta altos niveles de deuda, con costos de servicio que superan las inversiones en educación y salud en varios países. En 2022, la relación entre servicio de la deuda versus ingresos fiscales alcanzó el 12,2%, frente al 4,8% en la OCDE. “La mejora en la gestión de la deuda pública es esencial para liberar recursos hacia el desarrollo”, afirma el informe.
Finanzas para la gente
Un sistema financiero inclusivo y qu favorezca la sostenibilidad es clave para movilizar recursos privados. En 2022, el crédito doméstico al sector privado alcanzó el 50% del PIB, comparado con el 80% en otras regiones. Sin embargo, el acceso sigue siendo limitado, especialmente para los hogares informales. En países como México y Chile, los hogares formales tienen hasta seis veces más probabilidades de obtener préstamos hipotecarios que los informales.
El informe destaca el papel de la innovación digital en ampliar la inclusión financiera. Entre 2014 y 2021, el uso de pagos digitales en Sudamérica creció del 35,9% al 49%. Además, el 69% de los clientes de bancos digitales en la región estaban previamente no bancarizados, demostrando el potencial de estas plataformas para atender a las poblaciones desatendidas.
Mercados de capital
Los mercados de capital en Sudamérica continúan siendo pequeños y poco líquidos. En 2022, la capitalización bursátil promedio fue del 35,9% del PIB, menos de la mitad del 64,7% registrado en la OCDE. Además, los mercados están altamente concentrados, con el 46% de las acciones en manos del 1% de los principales inversionistas.
En cuanto al mercado de bonos corporativos, el 58% de las emisiones entre 2015 y 2023 estuvieron denominadas en monedas extranjeras, exponiendo a las empresas a riesgos cambiarios. A pesar de esto, las emisiones en Sudamérica tienen una madurez promedio de 9,3 años, más alta que el promedio de 5,2 años en otros mercados emergentes.
Instituciones para el progreso
Las instituciones financieras de desarrollo juegan un papel sustancial en cerrar las brechas de financiamiento. Según el informe, el 34% de estas instituciones en Sudamérica están destinadas a apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) a través de esquemas de garantías y créditos. Sin embargo, solo el 19% de sus instrumentos financieros están alineados con objetivos de transición verde, igualdad de género o transformación digital.
Según la OCDE, la colaboración internacional es fundamental para movilizar recursos adicionales. Iniciativas como el Global Gateway de la Unión Europea, que busca invertir 45.000 millones de euros en la región para 2027, son ejemplos de cómo las alianzas pueden catalizar fondos. Además, instrumentos financieros como los bonos verdes, sociales y otros que apoyen la sostenibilidad, así como los canjes de deuda por naturaleza, ofrecen oportunidades para atraer inversión pública y privada.
Porvenir
“La adopción de un enfoque regional unificado permitirá a Sudamérica aportar su perspectiva a los desafíos globales de financiamiento”, afirma el informe, destacando la importancia de eventos como la Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo en 2025.
El informe Latin American Economic Outlook 2024 deja claro que Sudamérica enfrenta un momento decisivo, sobre todo para la inclusión y la sostenibilidad. Con reformas fiscales, mayor inclusión financiera, mercados de capital robustos y una estrecha colaboración internacional, la región tiene la oportunidad de trazar un camino hacia un desarrollo sostenible e inclusivo. Sin embargo, lograr este objetivo requiere una acción coordinada y decidida por parte de todos los actores involucrados.







