El año 2024 quedará marcado por sucesos que están redefiniendo el panorama del mundo y delinearán el rumbo de las próximas décadas. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca hasta el agravamiento de las tensiones internacionales, este año ha sido un punto de inflexión para muchos temas medulares de la política en el orbe. Los conflictos interestatales, las dinámicas geopolíticas y los cambios en las alianzas globales son algunas de las cuestiones que han dominado la agenda, desafiando el orden establecido y levantando preguntas el futuro de la humanidad.
En este contexto, Toshiro Miki, destacado internacionalista, ofrece una perspectiva integral sobre los eventos que han definido 2024. Con una amplia trayectoria en el análisis de la política global y un enfoque que combina historia, geopolítica y economía, Miki aporta claridad sobre cómo los sucesos recientes encajan en una aceleración histórica que está transformando profundamente al orbe.
El mundo se acelera
“Desde la pandemia y la guerra en Ucrania, los eventos históricos se han acelerado, recordando episodios del siglo XX como las dos guerras mundiales”, comenta Miki. Esta aceleración, según él, ha generado procesos sociopolíticos que en otros tiempos habrían tardado décadas en desarrollarse. “Estamos en un momento donde los estados vuelven a ejercer un poder territorial y expansionista”, explica, marcando el contexto para su análisis.
La aceleración de la historia también se refleja en un retorno al conflicto interestatal. “Durante décadas, la academia dio por concluidas las guerras entre Estados, pero los últimos años han demostrado lo contrario”, afirma. Este fenómeno ha resucitado conceptos clásicos de la geopolítica, redefiniendo la dinámica internacional.
El regreso de Trump
“El ascenso de Donald Trump a la presidencia simboliza un retorno al ejercicio de poder clásico, donde la soberanía territorial y el pragmatismo dominan las decisiones”, sostiene Miki. Desde la campaña, que permitió su victoria el 5 de noviembre pasado, Trump ha reactivado una agenda centrada en el proteccionismo y la desglobalización. Ambos elementos también caracterizaron su anterior gestión, incluyendo el comienzo de una guerra comercial con China.
Entre las primeras acciones que se esperan de su gobierno destacan su postura hacia Ucrania y Medio Oriente. “Trump podría ser más pragmático con Rusia, permitiendo ciertos espacios de influencia para reducir tensiones”, señala Miki. En el caso de Israel, su administración refuerza el apoyo a un aliado clave, pero sin promover procesos de paz estructurados en la región.
Además, su enfoque en la soberanía nacional está transformando las relaciones comerciales y diplomáticas. “Trump ha revitalizado la guerra comercial con China, imponiendo nuevas tarifas y restringiendo tecnologías críticas”, explica Miki. Este movimiento refuerza una política proteccionista que busca priorizar los intereses económicos de Estados Unidos, aunque a costa de tensiones internacionales.
La influencia de Trump en el mundo
Otro aspecto clave es la influencia de Trump en el discurso político global. “El estilo de liderazgo de Trump, caracterizado por su retórica directa y su rechazo a las normas diplomáticas tradicionales, está siendo replicado en otros países”, apunta el internacionalista. Este impacto trasciende las fronteras de Estados Unidos, contribuyendo a una polarización creciente en la política mundial.
En cuanto a las alianzas internacionales, Trump ha reforzado su apoyo a aliados históricos como Israel, pero también ha buscado renegociar acuerdos multilaterales. “El enfoque unilateral de Trump cuestiona la relevancia de instituciones como la OTAN y las Naciones Unidas”, afirma Miki, lo que podría llevar a una redefinición del sistema internacional durante su gobierno.
Crisis del orden liberal
“La interdependencia económica, que se suponía estaría por encima de las disputas políticas, está fracturándose”, explica Miki al analizar los efectos de la guerra en Ucrania y el distanciamiento entre Rusia y Europa. Esta ruptura también ha exacerbado las crisis en países europeos como Alemania, cuya industria enfrenta serias dificultades tras perder el acceso a gas ruso barato.
La guerra en Ucrania es un ejemplo contundente de cómo lo político ha superado a lo económico. “La dependencia energética entre Europa y Rusia era vista como un garante de estabilidad, pero la guerra demostró que los intereses geopolíticos pueden romper estas dinámicas”, explica Miki. Este conflicto también ha expuesto la vulnerabilidad de países como Alemania, que ahora enfrentan desafíos para reestructurar su industria y garantizar el suministro energético.
Miki señala que la crisis del orden liberal tiene un impacto directo en las democracias. “Cuanto mayor es el número de autocracias, menor es la capacidad del mundo para cooperar políticamente y más alta es la probabilidad de conflictos”, afirma. Este cambio estructural en el sistema internacional plantea preguntas críticas sobre el futuro de las instituciones globales y la capacidad del mundo para manejar los desafíos transnacionales.
Un mundo inestable y dividido
En 2024 el mundo atestiguó una creciente inestabilidad en Asia. “La región es un mosaico de potencias emergentes, tradicionales y actores impredecibles, lo que dificulta la cooperación”, asevera Miki. China, pese a su crecimiento económico, enfrenta un decrecimiento del PIB y desafíos significativos para consolidar su liderazgo global. “El COVID fue una oportunidad perdida para que China demostrara liderazgo internacional”, reflexiona.
A esto se suma la tensión en Taiwán y el papel de Corea del Norte como un actor desestabilizador. Mientras tanto, Estados Unidos refuerza sus alianzas militares con Japón, Corea del Sur y Australia, consolidando su presencia en el Pacífico.
“Hoy Europa puede dividirse en tres: el eje franco-alemán, la Europa latina y la Europa del Este”, detalla Miki. Los gobiernos de Francia y Alemania, los pilares de la Unión Europea, enfrentan crisis políticas internas mayúsculas. En el sur, países como España e Italia buscan un mayor protagonismo, mientras que en el Este prevalece una agenda conservadora opuesta a las políticas de Bruselas.
Sudamérica
En Sudamérica, las disputas entre Estados Unidos y China por recursos clave como el litio y los corredores bioceánicos están en aumento. “El Salar de Uyuni en Bolivia es un ejemplo de cómo las potencias compiten por el control de recursos estratégicos”, comenta Miki.
Sudamérica vive un momento similar al del siglo XIX, cuando potencias tradicionales y emergentes competían por áreas de influencia. En esta ocasión, Estados Unidos y China lideran la pugna, mientras que países como Rusia intentan obtener un papel secundario en la región. “El litio, el gas y los corredores bioceánicos son ahora el nuevo campo de batalla económico y político”, explica Miki.
Bolivia, con su abundancia de litio en el Salar de Uyuni, es un caso emblemático. Empresas de China y Rusia ya han asegurado contratos clave, pero Estados Unidos también busca establecer su presencia. “Esta competencia por los recursos estratégicos es un reflejo de la creciente importancia de Sudamérica en el panorama global”, añade.







