En el marco del proceso preparativo al Congreso Plurinacional de Educación se espera que haya habido un análisis serio acerca de la educación secundaria y sus modalidades de conclusión. Ante las limitaciones para conocer los resultados parciales de dicho proceso, continuamos invitando a la discusión pública sobre temas centrales que hacen a la educación en el país.
A diferencia de la educación primaria que tiene un casi natural sentido, en cuanto está llamada a brindar las herramientas básicas para el desarrollo individual y colectivo, la educación secundaria ha ido ajustando continuamente su razón de ser y su lugar en los sistemas educativos; teniendo una íntima vinculación con el mundo del trabajo, sea como preparación mediata o inmediata, es lógico que sus enfoques y sentidos cambien cuando el ámbito laboral está en permanente reordenamiento; mucho más hoy cuando el ritmo de estos cambios ha ido acelerándose al punto de hacer muy difícil el predecir las características que tendrán los trabajos en las próximas décadas y por tanto comprender el tipo de educación que necesitarán las siguientes generaciones.
La Constitución Política de 2009 amplía la obligatoriedad de la educación escolar hasta la secundaria (Art. 81); para la Ley Avelino Siñani – Elizardo Pérez la educación secundaria debe ser “comunitaria y productiva» (Art. 14), contemplando, para sus primeros años, una “formación técnica tecnológica general” (comprensión de la realidad productiva) y, al concluir, una “formación técnica tecnológica especializada” (en talleres especializados). Este tipo de formación debiera concluir con el Diploma de Bachiller en Humanidades y la otorgación de un Título de Técnico Medio en la especialidad desarrollada. Lo que se conoce como el BTH (Bachillerato Técnico Humanístico).
¿Cómo y cuánto se ha avanzado en educación secundaria? Según datos del Ministerio de Educación (2023), en Bolivia ha habido considerables avances: El gasto público para secundaria pasó de 856.173Bs., en 2006, a 6.701.779Bs., en 2022. Los maestros para secundaria eran 25.313 en 2006 y alcanzaron a 62.843 en 2023. La cobertura neta pasó del 73,57% (2012) al 79,82% (2022). La tasa de término neta, del 29,31% (2012) al 43,85% (2023).
Pese a esos importantes avances, el marco distintivo otorgado a la secundaria, el BTH, generó una amplia expectativa, pero escasos resultados. En la gestión 2022 los bachilleres fueron 404.272, aproximadamente; de éstos apenas 48.557 fueron BTH. Después de una década de implementación, apenas el 12% de los bachilleres recibieron la educación técnica productiva que se esperaba. A ese ritmo, recién en 2051 lograríamos que todos los bachilleres concluyeran con un bachillerato técnico y humanístico.
Junto a este problema, la educación secundaria en el país debe hacer frente a ajustes curriculares que articulen la preparación de los adolescentes con las proyecciones laborales y productivas del país, así como con los desafíos que la disrupción tecnológica actual presenta al papel de la educación y al futuro del trabajo.
Volviendo al BTH y valorando su pertinencia y relevancia, el congreso educativo debiera dar lineamientos en sentido de reafirmar esta política educativa exigiendo un sólido financiamiento y un programa contundente de implementación para todos los bachilleres o plantear alternativas como la de aplicar bachilleratos diferenciados que incluyan un BTH —no ya generalizado— junto a otros bachilleratos de carácter científico, artístico, en áreas de la salud y la vida, empresariales y de emprendimientos, y otros que consideren las potencialidades de los bachilleres y las necesidades y desafíos del mundo laboral que les tocará enfrentar. Ciertamente queda excluida la opción de continuar la educación secundaria sin cambios estructurales.
Luis Fernando Carrión Justiniano es educador e investigador boliviano.







