El año 1993, el jurista y filósofo argentino Carlos Santiago Nino publicó el libro titulado «Un país al margen de la ley»; donde habla sobre la anomia boba. El éxito del libro se ve reflejado en la reciente reedición de 2023. Existen múltiples interpretaciones sobre el contenido del libro: algunas enfatizan en el análisis sobre la calidad institucional que precisa la democracia para evitar que el poder político ingrese en la cooptación de la separación y división de poderes, poniendo en riesgo los componentes básicos de un Estado constitucional de derecho.
Las interpretaciones de contenido más cercanas a la sociología política enfatizan en la tendencia de las sociedades latinoamericanas a la anomia en general, como consecuencia de la práctica extendida de la ilegalidad, expresada como la inobservancia e incumplimiento de las normas jurídicas, morales y sociales, así como del resquebrajamiento de las instituciones llamadas a garantizar los procesos democráticos. Ello culmina en lo que Guillermo O’Donnell caracterizaba como democracia delegativa, es decir, aquella en la que el presidente o el ejecutivo de un Estado se siente legitimado por el voto mayoritario para hacer lo que le plazca, so pretexto de que el gobierno fue elegido por una mayoría y que, por ello, las instituciones que regulan los procesos democráticos podrían ser dejadas de lado.
Las miradas de contenido más cercanas a la economía reflexionan sobre cómo la anomia se va convirtiendo en un componente del subdesarrollo, en tanto el desacato de las normas tiene altos costos económicos y sociales. Para Nino, evadir el cumplimiento de normas, como las que obligan al pago de impuestos, repercute en las tareas más elementales del Estado social de Derecho, como las de asegurar un mínimo de justicia social como el acceso a la educación, a la salud y a servicios básicos.
Las miradas de contenido más cercano al Derecho enfatizan respecto al cumplimiento selectivo de las normas, en particular de la Constitución y de la ley, y su contracara, el incumplimiento también selectivo de las normas, ya sea a través de sobreinterpretaciones de la Constitución que la vacían de contenido y hasta a través de la creación judicial de normas que no se corresponden con la Constitución.
Pero, retornando al argumento central del libro, Nino expone tres formas o maneras de la inobservancia de las normas, es decir, de la llamada anomia: a) la anomia individual, que se refiere a los sujetos que no cumplen con la ley porque creen que les conviene, que pueden sacar ventajas de esta inobservancia; b) la anomia en los conflictos sociales, que se refiere al desconocimiento en ciertos grupos de las formas de autoridad legítima, y c) la anomia boba, en la que la falta de cumplimiento de las normas termina perjudicando a todos.
La anomia boba, que es la postura más llamativa de las tesis de Nino, tiene dos características: por un lado, incita a una inobservancia de la ley generalizada, en la que la inseguridad (no solo jurídica, sino de confianza en la sociedad y sus instituciones) perjudica a todos y, por otro lado, la ignorancia de los fines que persiguen las normas y las instituciones. Nino trata de justificar que el respeto por las instituciones, en particular por las democráticas, y el cumplimiento de las normas, en particular de las normas constitucionales, nos hacen mejores como sociedad y como país. La anomia es boba porque los que inobservan la Constitución y la ley son los primeros perjudicados por este comportamiento.
Si hoy, después de 31 años de haber sido publicado el libro de Carlos Santiago Nino, observamos lo que sucede en nuestro país con la criminalización selectiva de la protesta social, así como con algunas decisiones (sentencias, declaraciones, autos constitucionales) del Tribunal Constitucional Plurinacional que han sobreinterpretado la Constitución al punto de reescribirla, han menguado las atribuciones del Órgano Legislativo y han dejado sin efecto actuaciones del Órgano Electoral, es posible encontrar no solo un proceso de desinstitucionalización de la justicia constitucional, sino características claras de una anomia boba que deja en la incertidumbre a las instituciones más básicas de la democracia y del Estado Constitucional de Derecho.
La necesidad de una reforma de la justicia no es solo evidente, sino que se ha vuelto imperativa como la primera actuación que se precisa realizar para recuperar la poca institucionalidad democrática que aún queda en pie. Tarea compleja a realizarse en una Bolivia en la que pesa una crisis económica, también resultado de una anomia boba, tan visible que para caracterizarla basta con observar las largas filas que hay alrededor de una gasolinera.







