El agronegocio y la ganadería son una mala noticia para los ecosistemas y bosques en Bolivia. A fuego, son los principales responsables de los incendios forestales y la deforestación. La evidencia muestra que la expansión agrícola y ganadera, vinculada al negocio de la tierra, contribuye con fuerza a la crisis climática y la degradación ambiental. ¿Qué reciben a cambio estos sectores por parte del Estado? En lugar de regulación, se benefician de subsidios y créditos; en vez de sanciones, les sobran privilegios. El “modelo” funciona.
La minería aurífera, por su parte, tiene un impacto negativo considerable en el medio ambiente, el desplazamiento de poblaciones y en la salud de las comunidades locales. A mercurio, los cooperativistas mineros contaminan todo a su paso, exacerbando las desigualdades, en especial en comunidades indígenas y rurales vulnerables. El aumento significativo en la producción de oro incentiva este negocio altamente rentable. ¿Cuánto contribuye el sector a la economía nacional? Su aporte en regalías e impuestos es mínimo. Al contrario, recibe numerosas subvenciones directas e indirectas, además de varios beneficios. El extractivismo como vocación.
Ambos sectores son desnudados, con abundante evidencia empírica, en el informe A fuego y mercurio: Crisis ecológica y desigualdades en Bolivia, que acaba de ser publicado por Oxfam. Pero no solo hay análisis sobre la agroindustria, la ganadería y la minería aurífera. Quizás lo más valioso del estudio tiene que ver con las percepciones, saberes y experiencias de la gente respecto a la crisis climática y las desigualdades. Es una cuestión urgente e ineludible.
Fuego y pérdida de biodiversidad
La crisis ecológica está destruyendo los ecosistemas y provoca la pérdida irreversible de biodiversidad. Por ello, inquieta a organizaciones de la sociedad civil, a grupos de activistas y a la ciudadanía en general. También es objeto de preocupación de líderes a nivel global y de organismos internacionales. Y suele tener presencia intermitente en la agenda de los medios y en el debate público. Pero lo más crítico radica en las poblaciones y territorios que padecen directamente sus efectos: destrucción de hábitats naturales, contaminación, sobreexplotación de recursos naturales, desertificación, extinción masiva de especies, degradación de suelos. Para quienes la viven cada día, la crisis ecológica es una tragedia.
Esa crisis es bien retratada en el informe de Oxfam desde diferentes miradas y voces. Lo hace en diálogo con la desigualdad. ¿Cómo se interrelacionan la crisis ecológica y la desigualdad? La premisa es que la crisis ecológica refuerza la desigualdad, esto es, la distribución inequitativa de recursos, oportunidades y derechos entre distintos grupos de la sociedad.
Es una desigualdad multidimensional. Por eso se habla de desigualdades en plural para dar cuenta de brechas económicas, étnico-culturales, geográficas y de género. La crisis ecológica impacta con mayor violencia en las poblaciones y territorios más pobres y vulnerables: de bajos ingresos, indígenas, de zonas rurales, mujeres, del sector informal de la economía.
La crisis desde las vivencias
El informe surge de la necesidad de poner en evidencia esta cuestión en el contexto boliviano. Cierto que la crisis ecológica no es solo un fenómeno nacional. Hay amplia reflexión y evidencia global sobre las injusticias socioambientales, el efecto invernadero, la deforestación y la crisis climática. Existe un esquivo compromiso internacional en este campo. Y en el país se han asumido obligaciones que no se cumplen. Pero detrás de la crisis ecológica, en sus diferentes formas, como vimos, hay grandes responsables. Y también omisiones y silencios.
¿Estamos informados sobre el tema? ¿Cómo nos afecta? ¿Cuál es su incidencia en asuntos críticos como la biodiversidad, los ingresos, la salud, la migración? Sobre la base de un estudio de opinión pública y grupos focales, el informe expone el estado de la opinión pública y de las comunidades acerca de sus principales preocupaciones, entre ellas las ambientales y climáticas. Son importantes también las visiones acerca de qué se puede hacer.
Pero más allá de las opiniones y juicios, lo esencial radica en las vivencias y testimonios de quienes enfrentan en su vida cotidiana los estragos de la crisis ecológica y las desigualdades. En el informe se muestra esta crisis desde la voz de mujeres tacanas, esse eje y chiquitanas, que sufren y resisten las acciones de ocupación, degradación y despojo de sus territorios y comunidades con la complicidad y ausencia del Estado.

Un llamado a la acción
Como bien señala el texto de Presentación del estudio, estamos ante un desafío no solo ambiental, sino también humano, que requiere una respuesta integral y equitativa. Exponer el tema, debatirlo, ponerlo en la agenda público-política es necesario, pero no basta. Lo fundamental es hacer un llamado a la acción en el horizonte de la justicia ambiental y social. Lo que está en cuestión es el modelo de desarrollo basado en una economía extractivista, que genera la crisis ecológica y amplía las brechas de desigualdad y exacerba la pobreza.
Sin duda, con cada uno de sus cinco capítulos, el informe A fuego y mercurio: Crisis ecológica y desigualdades en Bolivia contribuirá en el debate informado y la conversación pública sobre esta preocupante cuestión. Ojalá sea útil también en acciones de incidencia y, si acaso, en la definición y rumbo de algunas políticas públicas.
Al final de la lectura queda la certeza de que, contra el fuego y el mercurio, es necesario y posible cuidar la biodiversidad, el uso sostenible de los recursos naturales, la vida en comunidad, los derechos, en fin, el buen vivir en armonía y equilibrio con la Naturaleza. Hay alternativa.








