Introducción: se vienen cinco fechas en quince días. El calendario del fútbol boliviano es un despropósito: largos parates y seguidillas infernales. Consecuencias: partidos sin interés, canchas vacías, ritmo lento, poca intensidad, lesiones.
Sostiene Rescalvo que el margen de error del Tigre es cero. El puntero Bolívar tiene una ventaja de siete puntos. El sábado perdió en casa con Aurora. ¿Es posible la remontada? La primera estación se llama Montero; el rival, Guabirá, un equipo que no gana desde agosto y está en descenso en la tabla acumulada.
El técnico español coloca a Bustos y Quaglio de laterales, dos hombres que no son laterales. De cinco va Cuéllar y de mixto Ursino. Veo a Ayarza y Amoroso en la banca y no entiendo nada. Por las bandas van Arrasacaita y Ortega. La doble punta en un 4-4-2 es para Miranda y Triverio. Hace mucho calor. Y estoy esperando que el Tigre cante mi canción.
Nudo: el gualdinegro va a jugar bien quince minutos. Nada más. Sale consciente de la necesidad de los tres puntos. Irá de más a menos en la primera parte. Permitirá crecer a un equipo local cuyo único recurso es tirar pelotazos a la olla. La banda de Quaglio es una invitación constante para los de Montero. Por ahí llega el bombardeo buscando la testa de Quintana.
El llamado a crear fútbol, Michael Ortega, está pegado a la línea de cal donde se pierde, donde no tiene contacto con la pelota. Ahí lo ha colocado el terco Rescalvo que incluso lo obliga a a bajar al corner a defender. A la media hora, el colombiano se viene al centro, mete un codazo a un rival y se autoexpulsa. La relación Rescalvo-Ortega da para una tesis universitaria.
Tras la expulsión, todo empeora: el partido, el local, la visita. Los de Gualberto Mojica siguen a lo suyo: la bocha al barbudo. El porcentaje de posesión es de 57% para Guabirá. Una vergüenza para el manual de estilo de los Rescalvo.
Desenlace: en la segunda, el Tigre se mete atrás sin vergüenza. El tempranero gol de los azucareros llega con un centro por la banda de Quaglio para…Quintana. Entonces Rescalvo mete cuatro cambios al unísono: el lateral zurdo Lino, Ramallo y Amoroso junto a Caire que entra por el lesionado Jusino. Segundos antes, Viscarra ha mandado al hospital a su propio compañero de zaga central. El Tigre es su peor enemigo, se hace daño así mismo, no se conoce (nadie es el mismo, ni Triverio).
Post-scriptum: el equipo -desganado- no cree en Rescalvo. Sus ausencias han provocado la deserción de sus soldados. Crespo debería haberlo despedido hace rato por abandono reiterado de funciones. Pero todos sabemos que el Tigre no tiene presidente.







