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La economía boliviana en 2024

Hoy comienza enero y quiero comenzar esta columna rindiéndole un justo homenaje a nuestra amada Bolivia en su bicentésimo aniversario. Esta columna está dedicada a evaluar la economía en 2024. La escasez de dólares persiste e incluso se ha intensificado. Bolivia sufre una crisis cambiaria que ocurre cuando una moneda pierde valor de forma sustancial […]

Economía plural 2.0

Omar Rilver Velasco

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Por Omar Velasco Portillo
La Paz / enero 2, 2025
en Voces

Hoy comienza enero y quiero comenzar esta columna rindiéndole un justo homenaje a nuestra amada Bolivia en su bicentésimo aniversario. Esta columna está dedicada a evaluar la economía en 2024.

La escasez de dólares persiste e incluso se ha intensificado. Bolivia sufre una crisis cambiaria que ocurre cuando una moneda pierde valor de forma sustancial en un corto periodo de tiempo. Esta crisis estuvo alentada por el saldo negativo de la balanza de pagos que proviene de los desequilibrios comerciales persistentes y los flujos financieros negativos del endeudamiento público externo. Este último como consecuencia del bloqueo legislativo y el deterioro de las condiciones de mercado para emitir bonos soberanos. Los bancos endurecieron el cepo financiero restringido al mínimo los retiros de divisas en el exterior, dificultando los viajes, las compras por internet y la entrada de remesas. Con el tiempo, la escasez de dólares se ha convertido en escasez de combustibles y otros bienes de la canasta familiar.

La escasez de combustibles pasó de leve a moderada. La interrupción en el abastecimiento se volvió más frecuente y por periodos más prolongados, afectando al transporte interdepartamental -que operó a un tercio de su capacidad instalada-, al parque automotor urbano que se tradujo en filas interminables en estaciones de servicio y al sector productivo que tuvo dificultades para obtener diésel, que podría perturbar la estabilidad de precios en 2025.

Pero ni la escasez de dólares o combustibles fue la principal inquietud económica de la población boliviana, porque por delante apareció un fantasma mayor, la inflación. Al mes de noviembre, la variación de precios interanual se acercó peligrosamente a los dos dígitos, un fenómeno no visto en el país desde 2008. La inflación tiene varias explicaciones, pero dos son las más importantes. Los precios subieron por el encarecimiento del costo de importación provocado por la devaluación del boliviano en el mercado alterno. Los empresarios y comerciantes traspasaron parcialmente los mayores costos de producción a los precios de los consumidores finales. Por otro lado, coexiste un fenómeno especulativo creciente que ha distorsionado los incentivos privados desviando la producción nacional a la exportación ilegal y generando carestía en el mercado interno.

La conflictividad social y la incertidumbre política tienen su cuota en la inestabilidad de precios. El intento de toma de la plaza Murrillo a finales de julio provocó un salto devaluatorio que podría denominarse el “Efecto Zuñiga” porque a partir del siguiente mes, la inflación promedio pasó de un promedio de 0,4% a 1,4% en los últimos meses del año.

El crecimiento económico también se vio duramente afectado. El aumento del dólar encareció notoriamente la compra de materiales de construcción, desincentivó el comercio, dificultó la logística de importación para la manufactura y otras industrias. Si bien el PIB creció 2,6% al 2T, este será el segundo año de menor crecimiento de las últimas dos décadas y el menor desde que el MAS está en función de gobierno. Este no es un cambio sólo cardinal sino ordinal porque en pocos años hemos pasado de disputar los primeros lugares de crecimiento en la región a situarnos entre los más bajos. Con todo, no estamos en estanflación sino en desaceleración con inflación moderada y con tendencia a ser alta.

Pero no todo fue malo, lo más positivo, tal vez lo único, fue que se afianzó los lazos de integración económica. Bolivia logró consolidarse como socio pleno del Mercosur. Como si esto no fuera poco, fuimos aceptados como miembros asociados de los BRICS. La buena racha continuó con la participación de Bolivia en el G-20, por primera vez en su historia. Estos hechos quedarán en los registros como el año de la integración económica.

El 2024, fue el año más bajo de gestión económica del presidente Arce. Lo que en su momento fue su principal fortaleza ha pasado a ser su principal debilidad. Pero no todo está perdido. Para salir de esta difícil situación se requiere de voluntades políticas, audacia financiera y capacidad de toma de decisiones. Se tiene que transparentar el flujo de dólares de las exportaciones y definir los mecanismo para su retorno, alcanzar acuerdos políticos para superar el cerco financiero en la ALP, tomar definiciones en torno al costo de la subvención, encarar una estrategia audaz de colocación de bonos en los mercados internacionales, retomar la mesa del diálogo entre el sector público y privado estableciendo metas y cronogramas de abastecimiento interno e implementar un plan integral de turismo para el bicentenario. Es necesario que el gobierno cierre su gestión lo mejor posible porque de ello dependerá el bienestar de todos los bolivianos.

Omar Velasco es economista

en tendencia: Opinión

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