El abogado y analista político, Vladimir Peña, remarcó la fragilidad de los liderazgos y proyectos políticos en la oposición boliviana desde 2005. Según Peña, ninguna fuerza opositora ha logrado consolidarse más allá de cinco años.
“Si miramos Tuto y Podemos en 2005, Convergencia y Manfred en 2009, Unidad Demócrata con Samuel en 2014, y luego Comunidad Ciudadana (CC) con Carlos Mesa o Creemos con Camacho en 2019-2020, entonces ninguno volvió a repetir con posibilidades de éxito”, explicó Peña en entrevista con La Razón Radio.
En 2005, el expresidente Evo Morales superó con el 54% de los votos a Tuto Quiroga. En 2009, frente a Reyes Villa, Morales recibió el apoyo del 63% del electorado. En 2014, cuando fue la oportunidad de Doria Medina, Evo obtuvo el 61% de los votos.
En 2019, los resultados preliminares apuntaron la victoria de Morales, frente a Carlos Mesa, con un 46% al 95% de votos escrutados. Estos resultados produjeron una crisis postelectoral donde se acusó a Morales de haber cometido “fraude electoral” en los comicios de octubre.
En 2020 el Movimiento Al Socialismo (MAS) retornó al poder cuando Luis Arce salió victorioso con el 55%, mientras que CC llegó al 28% y Creemos al 14%.
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Oposición
Peña subrayó que, en un contexto de “debacle” del MAS y del “agotamiento del proceso de cambio”, la oposición ha fallado en construir una alternativa clara. “Hoy como nunca se daban las condiciones para que haya un proyecto político”.
“Estamos ante un escenario abierto, entre otras cosas, por la fragilidad de la oposición y porque se ha repetido o se ha confirmado la regla que los proyectos opositores solamente duran cinco años”, remarcó.
Además, señaló la persistencia de caudillismos en el sistema político. Tanto en el oficialismo como en la oposición, los partidos están marcados por liderazgos unipersonales que dificultan la renovación. En el MAS, por ejemplo, la disputa entre Evo Morales y Luis Arce refleja tensiones internas que podrían minar cualquier intento de regeneración.
Por otro lado, Peña advirtió sobre un problema mayor para la democracia boliviana: la falta de transiciones pacíficas de poder. “Los dos presidentes antes de Arce, salido de las urnas en el siglo XXI, terminaron en un avión en el exilio, en el siglo XXI no hemos visto un traspaso pacífico del poder”, sostuvo.
En septiembre y octubre de 2003, Bolivia vivió una rebelión popular. El Alto y La Paz fueron los escenarios de la denominada “guerra del gas”, que tuvo un saldo de al menos 64 muertos y 400 heridos. Y terminó con la dimisión de Gonzalo Sánchez de Lozada y fugó a Estados Unidos.
En 2019, tras varios días de protestas y enfrentamientos por denuncias de fraude electoral, Morales presentó su renuncia y partió rumbo a México donde se le ofreció asilo.







