Seis internas de la cárcel de Miraflores, en La Paz, elaboraron una t’antawawa de 11 metros en honor a la primera diputada de pollera y comunicadora, la extinta Remedios Loza Alvarado.
La elaboración de la masa duró ocho días y utilizaron seis quintales de harina, 25 libras de manteca, 15 kilos de mantequilla, 10 paquetes de levadura. La máscara de la t’antawawa fue elaborada con papel periódico y otros papeles reciclados de otras áreas del centro penitenciario.
La masa fue elaborada por partes y los insumos fueron donados por algunas autoridades del recinto penitenciario.
“Hemos logrado elaborar la t’antawawa durante casi ocho días. Estamos cansadas pero felices de haber hecho la t’antawawa más grande”, expresó una interna a la red Unitel.
Acotó que mientras seis se dedicaron de forma exclusiva a preparar la masa, dos se encargaban de la limpieza del ambiente utilizado para la elaboración. “Fue un trabajo casi de 24 horas”, dijo.
“Con nuestro trabajo hemos querido demostrar que aquí, adentro, cumplimos con las tradiciones que son parte de nuestra cultura”, señaló otra privada de libertad. La t’antawawa es el principal elemento en la mesa de Todos Santos.
Las internas señalaron que con actividades de formación técnica se preparan para reinsertarse a la sociedad.
A través de su muro de Facebook, Sayuri Loza, hija de Remedios, agradeció el gesto de las internas. “Gracias de todo corazón a las mujeres privadas de libertad. Estoy segura de que el almita de mamá llegará a recibir las oraciones e intercederá como hacía en vida para que puedan hallar consuelo a pesar del encierro”, escribió.
En Bolivia cada 1 de noviembre se celebra Todos Santos. Al mediodía, las familias de los difuntos esperan a sus seres queridos que ya partieron con altares con comida, masas, dulces y frutas que en vida eran de su agrado, pues, según la creencia, el alma de los difuntos baja por 24 ahoras al mundo terrenal.
También, al mediodía de este miércoles miles de personas en todo el país despedirán a sus difuntos en sus casas y también en los cementerios donde invitan a los “resiris” los productos elaborados a cambio de oraciones y cantos.
Desde la pandemia del COVID- 19 se prohibió el ingreso de comida en los camposantos; sin embargo, las familias se trasladan a plazas y parques de la ciudad para compartir las preparaciones y recordar a sus seres queridos.







