DIBUJO LIBRE
Suele afirmarse que Bolivia es un pueblo que olvida fácilmente el pasado; en consecuencia, es proclive a cometer los mismos errores que llevaron al fracaso grandes proyectos de país. La Guerra del Chaco (1933-1935) fue uno de esos hitos de nuestra historia en su periodo republicano. No es mi intención abundar acerca de lo ocurrido en el teatro de operaciones, debido a que existe sobrada literatura de referencia. Tampoco me interesa analizar datos histórico divergentes o realizar una crítica de la siempre sospechosa política internacional, vinculada a intereses hidrocarburíferos en territorio boliviano, menos referirme al flaco papel que desempeñó el internacionalista argentino Carlos Saavedra Lamas como mediador del conflicto bélico entre Bolivia y Paraguay.
Lo que sí es importante es no borrar de la memoria histórica aquella mañana del 6 de octubre de 1933, hace 89 años, que testificó, con tres pasos dados al frente, la patriótica decisión de 162 jóvenes cadetes del Colegio Militar del Ejército para defender la heredad nacional. Desafortunadamente, ese gesto de valor y dignidad, cada vez fue menos imitado a lo largo de estas nueve décadas por militares entrometidos en cuestiones políticas, en acciones subversivas y en delitos contra la mujer, enlodando la imagen del Ejército boliviano como institución amenazante de la democracia y no garante de nuestra soberanía. ¡Qué horror!
En memoria de esa inolvidable gesta histórica, se instituyó el 6 de octubre como el Día del Cadete, acertadísima idea que permite mantener vigente aquel hecho, cobrando actualidad en nuestra memoria colectiva, pero, de manera especial, en los futuros militares que se instruyen en los institutos castrenses del Estado Plurinacional.
Destacar que las historias de vida y el profundo significado emocional que dejó la espantosa experiencia de la guerra en los combatientes que regresaron a casa, así como los recuerdos de quienes estuvieron prisioneros y lograron escribir sus memorias en el desolador cautiverio, nos dan una idea de los perniciosos efectos sicológicos que marcaron para siempre la vida de aquellos valientes muchachos, que ni el más erudito historiador puede describir.
Dieciocho caballeros cadetes murieron en el campo de batalla; a los demás, la guerra les robó la ingenuidad de sus tempranos años. Hace poco tiempo, falleció el último sobreviviente de los Tres Pasos al Frente, con más de un siglo de vida.
Alguien escribió con expresiva metáfora: “Ahora el batallón de cadetes está formado en la eternidad”.
Hay quienes aseguran que el tiempo es el mejor terapeuta capaz de sanar las heridas del cuerpo y del alma. Pero, lo que el tiempo jamás podrá lograr es disipar los recuerdos que constituyen el vínculo con aquel hecho histórico que transformó las ideas de país, de nacionalidad y de patriotismo, permitiéndonos construir nuevos caminos en lo cultural y en lo político.
Para desilusión de las voces resentidas e ignorantes de la historia que han tratado de borrar lo hecho por aquellos cadetes, propagando el dislate de que nuestra Asociación ha dejado de existir, recurriendo a toda suerte de cancamusas, sustrayendo de manera delincuencial —en plena cuarentena— nuestro modesto patrimonio bibliográfico y documental, acopiado durante 60 años mediante donaciones de compatriotas comprometidos con nuestra labor, y, para desilusión nuestra, la cabeza de semejante despropósito es un exmilitar prepotente y arbitrario, sindicado de golpista en los luctuosos acontecimientos de 2019, cuyo “alias” es impronunciable. Nuestra entidad ha emprendido campañas de información dirigidas a miles de futuros bachilleres y opinión pública en general.
Seguros de honrar la memoria de nuestros padres, instituimos la condecoración Tres Pasos al Frente, mediante Resolución Ministerial 313/71 de 14 de mayo de 1971, la misma que se otorga al Brigadier Mayor del Colegio Militar del Ejército, en reconocimiento a su destacada disciplina, capacidad y espíritu militar. Condecoración que la hemos otorgado ininterrumpidamente durante medio siglo.
Inopinadamente, de manera abrupta y poco cortés, el Comando del Ejército canceló hace dos años la entrega de la indicada condecoración, retirando el homenaje de conmemoración a los Tres Pasos al Frente, sin que medie explicación escrita, cual corresponde a la institución “tutelar” de la patria. ¡Vergonzosa ofensa!
(*)Bertha Alarcón de Guillén es presidenta de la Asociación Tres Pasos al Frente







