Con la expectativa que ha creado el nuevo gobierno de izquierda en Colombia, analistas ven que buena parte de su futuro se jugará en la capacidad que tenga el presidente Gustavo Petro de concertar los cambios institucionales en el país.
En entrevista con Piedra, papel y tinta, el economista boliviano Armando Ortuño y el sociólogo colombiano Javier Calderón, apuntaron a que lo que empieza con Petro es un largo y complicado proceso de transición hacia la institucionalización de la democracia en ese país.
Calderón, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), habla de «las próximas décadas» en que Colombia deberá superar la época de un «neoliberalismo violento», de una fuerte presencia del narcotráfico en el Estado, incluso de unas Fuerzas Armadas y Policía formadas en la Guerra Fría, primero, y en la lucha contra el narco, después.
Para Calderón, más bien hay un grande consenso de la necesidad de dichos cambios, de los cuales incluso se beneficiarán sectores empresariales, la inversión privada, o los propios Estados Unidos, en el sentido de superar el estado de guerra en que el país vivió durante décadas.
De aquí la importancia de materializar los acuerdos de paz firmados por el presidente Juan Manuel Santos, destacó Calderón.
Para Ortuño, el gobierno de Petro tiene una enorme ventaja en la solidez del liderazgo del nuevo presidente.
A diferencia de Pedro Castillo en Perú o Gabriel Boric en Chile, Petro es un dirigente de izquierda de larga trayectoria, «con ideas mucho más claras», en el sentido de realistas, de hasta dónde y cómo se pueden encarar los importantes cambios que anunció en su campaña electoral.
Una muestra de esto, por ejemplo, dijo Ortuño, es la forma de «coalición interesante» que Petro pudo componer en el Legislativo colombiano, donde además de la izquierda sumó a sectores de centro y hasta de derecha, bajo un programa relativamente moderado pero efectivo. La idea de proceder con cambios graduales y concentrarse allí donde se puede ser más eficaz, remarcó el analista boliviano.
Calderón añadió que uno de los grandes desafíos del nuevo gobierno son las Fuerzas Armadas y la Policía colombianas.
Con las primeras, el tercer ejército más grande de la región, dijo, toca llevar adelante su profundo «cambio doctrinal y misional» y que de fuerza de guerra interna contra guerrillas y el narcotráfico transite a la Fuerza Armada de defensa de la soberanía nacional, como sus similares en otros países.
En lo relativo a la Polícia, continuó, lo fundamental es la desmilitarización de esta fuerza pública, acaso que adquiera un carácter más de “gendarmería”.
Ya el presidente Petro en su discurso de posesión anunció estos cambios en las fuerzas de seguridad de Colombia, en el sentido de «dignificar» su labor.
También es una cuenta pendiente en Colombia, dijo el sociólogo colombiano, la lucha contra la corrupción en estas Fuerzas Armadas.
La mayor resistencia estará, previó Calderón, en la «ultraderecha asociada al narcotráfico», que precisamente promovió la guerra como una forma de mantener intereses oligárquicos.







