Ojos grandes y celestes, una amplia sonrisa y un tono de cutis acentuado por el abrasador sol paceño son algunas de las características físicas de Jack O’Connor, un irlandés que llegó hace 12 años a esta urbe y de la cual quedó enamorado. “Nunca voy a olvidar el primer día que llegué a La Paz. Mi vuelo aterrizó el 16 de junio de 2010 a las 03.00, y cuando bajé del aeropuerto a la ciudad, la vi inmensa, toda envuelta de luces… era simplemente espectacular, nunca había pensado que podía ser así”.
Ese primer impacto que le generó esta urbe, además de que sus ciudadanos le hicieron sentirse como en casa, fueron trascendentales para que él decidiera permanecer en La Paz por más tiempo. Su plan inicial no era quedarse tanto en Bolivia, llegó sin saber ni una sola palabra de español. Gracias a su carácter sociable, aprendió el idioma hablando con la gente y se comunicó con tantas personas, que cree tener ahora más amigos en La Paz de los que tal vez cultivó en Irlanda. Actualmente forma parte de dos equipos: uno de rugby, conformado por bolivianos, y otro de fútbol, llamado Chocos Locos, en el que participan extranjeros de Brasil, Irlanda e Inglaterra.
Su travesía se inició cuando tenía 21 años, tras terminar de estudiar Ingeniería Mecánica en un College de Cork, ciudad cercana a Tipperary, su pueblo natal que queda al sur de Irlanda y está habitado tan solo por 5.000 personas.
Una aventura por Sudamérica
Además de estudiar, trabajaba en construcción con su papá y tenía un empleo de medio tiempo en un supermercado, pues Irlanda atravesaba una crisis económica en ese momento. Así que cuando terminó el College, se dijo: “Tengo algo de plata guardada, voy a viajar un poco para ver el mundo y cuando vuelva voy a empezar a buscar un trabajo en mi sector como ingeniero”. Más de una década después, eso nunca sucedió.
“Mi plan era viajar por Sudamérica por tres meses, empezando en Perú, bajar hasta Bolivia y después regresar a Irlanda. Pero dos días antes de lo que se suponía iba a volver, llamé a mi mamá y le dije que no había razón para que fuera a recogerme al aeropuerto porque me iba a quedar”.
El aventurero planeaba permanecer en La Paz no ya por tres meses, sino por un año, por lo que consiguió un trabajo por ese periodo en un hostal. Sin embargo, terminó trabajando allí por ocho años.
El restaurante The Carrot Tree nació hace cuatro años en la calle Linares porque Jack quería tener un negocio propio y, gracias a que su primer trabajo lo había tenido a sus 15 años como lavaplatos en un local que era del padre de un amigo suyo, conocía bien cómo era su funcionamiento. Ese año vio una oportunidad fantástica: un espacio en alquiler cerca del Mercado de las Brujas. Allí aprendió mucho sobre la cultura boliviana hablando con las vendedoras, gracias a lo cual ahora también es capaz de explicar a los turistas las costumbres de la urbe paceña.
Debido al éxito del restaurante, con un menú elaborado con productos bolivianos y de pequeños emprendimientos locales, en septiembre del año pasado Jack decidió abrir una sucursal en la calle Fernando Guachalla, en Sopocachi.
El nombre The Carrot Tree (o el árbol de zanahorias) surgió porque las familias irlandesas tienen una especie de insignia que caracteriza a cada una de ellas y, la de la familia O’Connor es un árbol de limón. La idea nació precisamente de ahí, pero optó por no denominarlo plenamente así porque buscaba un nombre raro y original, así es como se le ocurrió The Carrot Tree, ya que las zanahorias no crecen en los árboles, convirtiéndose en un símbolo de que todo es posible, aunque no lo parezca: “Si quieres hacer algo y trabajas en eso, puedes lograrlo”.
Además del café, la especialidad del restaurante es el desayuno y el brunch.
Este es el primer año que The Carrot Tree participa del Restaurant Week. Jack está muy feliz porque dice que este tipo de eventos ayudan a la reactivación económica de este sector después de la pandemia. “Para este menú preparamos, por ejemplo, Ravioli Humacha y Irish Pie… tenemos una mezcla porque creo que es importante tener algo típico tanto de Bolivia como de Irlanda”.
Y aunque sea ficticio, el árbol de zanahoria sigue creciendo. El menor de los O’Connor proyecta abrir una sucursal en Santa Cruz en un futuro próximo.







