Hace más de una década que en el Museo de Quai Branly-Jacques Chirac los parisinos y visitantes de todo el mundo disfrutan la muestra permanente de la danza Diablada, gracias a la adquisición de una colección completa que incluye todos los personajes, con todos sus accesorios y detalles que fueran cuidadosamente elegidos y coleccionados por Enrique Jiménez Cladera (+), quien fuera presidente de la Fraternidad Artística y Cultural “La Diablada” de Oruro, “La Frate” como cariñosamente se la llama.
Este importante museo antropológico fue inaugurado el año 2006 con el nombre de Musée du Quai Branly, tomando el nombre de la vía pública en la que se encuentra. Diez años después, el museo fue rebautizado como Musée du quai Branly- Jacques Chirac, en honor al presidente que habría planteado su creación, con el fin de ser una institución singular, dedicada a las artes y a las civilizaciones de África, Asia, Oceanía y América. A decir del propio Chirac, “se trataba de poner en su justo lugar a las culturas no europeas, rompiendo con una larga historia de desprecio, artes y civilizaciones demasiado tiempo ignoradas o desconocidas”.
El moderno museo, diseñado por el arquitecto Jean Nouvel, invita a abarcar toda la complejidad de las obras y las culturas de las que proceden y pretende también ser un centro del diálogo entre las culturas y civilizaciones. Con este fin reúne las colecciones de un doble legado, del Museo del Hombre y el Museo Nacional de las Artes de África y Oceanía, con más de 370.000 objetos, 700.000 piezas iconográficas y más de 200.000 títulos de obras de referencia.
La exposición nació de una pasantía
Cuatro años después de la inauguración del museo comenzó el proyecto de exposición sobre La Diablada, cuando el año 2010 yo, Varinia Oros, fui beneficiaria de la beca “Profesión Cultural” del Ministerio de Cultura y Comunicación francés, promocionada por el mencionado museo. Durante la pasantía debía trabajar con las responsables de las colecciones de la Unidad Patrimonial de América, Paz Núñez Regueiro, y Dominique Gillot, del Polo de Inventario del museo, con quienes colaboré en la catalogación de los fondos bolivianos del museo. Gracias a este trabajo y revisión del material boliviano es que coincidimos con Paz en la inclinación que ambas teníamos por unas piezas de máscaras de la Diablada del museo, que si bien éstas no eran representativas, igual pretendíamos hacer un estudio de ellas. Fue entonces que recurrí a Enrique Jiménez Cladera, entonces presidente de La Frate, para pedir más información sobre los personajes antiguos y nuevos de la danza. Pero Enrique no solo me proporcionó la información, con una visión más amplia y difusora del patrimonio, sino que ofertó una colección completa con todos los personajes. Para ello nos envió una carpeta detallada y fotografías de cada uno de los trajes. Tras la exposición de la propuesta a las autoridades y especialistas del museo, éstos quedaron maravillados con los trajes y máscaras, aceptando la adquisición.
La colección está compuesta por nueve conjuntos de trajes de Diablada contemporáneos entre los años 2000 y 2008, que en algún momento fueron utilizados en el Carnaval de Oruro por Enrique, su esposa, hijas o miembros de La Frate. Destacan en la colección los personajes de: Ñaupa Diablo, que no es otro personaje que Lucifer, pero con características más antiguas al igual que su acompañante. la Ñaupa Chola; el Diablo de tropa, que representa a los pecados capitales; la Diablesa, representando la lujuria, usualmente personificado por mujeres jóvenes, al igual que su par la China Supay “Diabla Mujer”, antiguamente representada por hombres que simbolizaban la tentación de la carne; un imponente Arcángel Miguel, quien comanda toda la tropa de Diablos hasta los pies de la Virgen, y por supuesto no podía faltar el Oso, quien antiguamente tenía la finalidad de “abrir cancha” a chicotazos y con sus uñas de lata para que pasaran todos los danzarines.
Todos estos personajes estaban fiel y pulcramente encarnados en los trajes y máscaras ofertadas, lo que no solo convenció a los especialistas para su compra, sino que coincidieron con nosotras en que la colección debía formar parte de la plataforma de exposiciones permanentes de la sección América, donde hasta ese momento Bolivia estaba siendo representada en una pequeña sección por la cultura Kallawaya con un par de textiles —no menos importantes— que fueran colectados durante la década de los ochenta por Louis Girault; pero, grande fue nuestra sorpresa cuando el departamento de las Américas no solo decidió cambiar estos objetos, sino ampliar el espacio para Bolivia y así mostrar la colección completa.
El proceso de adquisición y montaje de la muestra llevó alrededor de un año, pues requirió de un equipo especializado en embalaje de este tipo de objetos en Bolivia, además de hacer todas las gestiones ante las entidades correspondientes para su salida. Paralelamente, el equipo de especialistas en el museo iba trabajando en el guion museográfico y en la información de las cédulas que acompañaría a la muestra, lo que permitió que una vez llegados los trajes el trabajo ya estuviera avanzado, lo que permitió inaugurar esta ala del repositorio el año 2011.
La exposición presenta los trajes en todo su esplendor, dispuestos sobre fondo negro con amplias franjas en rojo, amarillo y violeta, acompañados de cédulas explicativas sobre el personaje y una general que lleva por título Danses rituelles del Andes. La danse de la Diablada, remarcando la procedencia de Oruro, Bolivia.
Paralelamente a la muestra, con Paz Núñez fuimos trabajando un artículo titulado: La Danse de la Diablada du carnaval d’Oruro, publicado en la Revue du Louvre en 2012, donde no solo hablamos de la danza, sino también de la colección de los trajes de la nueva exposición.
La importancia de la muestra
A 10 años de su inauguración y de su permanencia, debemos resaltar el valor que tiene esta muestra, no solo por estar en un museo dedicado a las culturas no europeas más importantes del mundo; sino y sobre todo, porque el año 2008 entró en vigor la Lista Representativa del Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad, planteada por la Organización de la Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco), donde el Carnaval de Oruro es declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad; la proximidad física y espacial entre la Unesco y el museo —ambos con sede en París— posibilitaron la visita a la exposición de delegaciones y personalidades vinculadas al tema patrimonial, muchas veces incluso guiadas por el propio presidente del museo de ese entonces, Stéphane Martin, quien a manera de anécdota sugería que las fotos a ser tomadas fueran al lado del Arcángel Miguel, que al parecer era el personaje de su preferencia. Recordar también que visitaron la muestra los exministros de Cultura del Estado Plurinacional de Bolivia como: Elizabeth Salguero, Pablo Groux y Marko Machicao, quienes reconocieron la importancia y valía de la misma, por difundir la danza como patrimonio de los bolivianos.
El contar con una exposición de este tipo fuera de nuestras fronteras, sin lugar a dudas beneficia no solo a la difusión y reafirmación de esta danza como boliviana, sino que creo que es una buena forma de hacerlo: mostrar al mundo que en Bolivia gozamos de una cultura festiva viva y colorida, realzada por prodigiosos maestros artesanos en el arte de la elaboración de máscaras y trajes bordados, como lo entendiera el recordado Enrique.







