El brillo, el colorido y la alegría están de vuelta. La fiesta ya va a comenzar. A contrarreloj, los artesanos orureños trabajan en la confección de trajes para cientos de danzarines que participarán en el Carnaval de Oruro en la entrada del próximo sábado. A pesar de que la demanda se redujo debido a la pandemia del COVID-19, el sector recibió con alegría la confirmación de las actividades carnavaleras, con la esperanza de reactivar su economía que estuvo golpeada durante más de un año.
Al noroeste de la ciudad de Oruro se encuentra el barrio minero San José. Casi al ingreso de esta zona se puede ver una singular casa ploma con un balcón. Cual si fuera un vigilante, ahí, una escultura de un diablo llama la atención y quizá el temor de quienes pasan por el lugar por primera vez. Es la casa de la familia Flores. En el ingreso, detrás de una puerta de rejas, decenas de máscaras de diablos, china supay y osos, entre otros, se exponen en unas vitrinas que invitan a la fantasía.
Con manchas de pintura en su delantal y en las manos, nos recibe con una sonrisa en el rostro Celia Capriles viuda de Flores, quien junto a sus dos hijos, Fernando (17) y Julio César (10), trabajan a destajo para entregar los pedidos que hicieron sus clientes para estas fechas.
Celia relata que heredó el arte de su esposo Fernando Flores, quien falleció en 2017. “Fue la necesidad lo que me obligó a perfeccionar mi trabajo, pues mi esposo no quería que yo esté en contacto con la pintura ni con los elementos que se necesitan para hacer los trabajos”.
Celia nos invita a pasar a su taller, que está dos pisos más arriba. Es un pequeño cuarto con estantes de madera y sobre ellos hay decenas de moldes, latas de pintura multicolor y otro tipo de material que usa para dar forma a las máscaras. Sentada en un banco, ella continúa con su trabajo, pinta una máscara de diablo junto a su hijo, mientras nos relata cómo se inclinó por el oficio. Pero antes alza su mirada hacia el cielo y dice “ojalá que no llueva, porque no pueden secar las máscaras y eso retrasa mi trabajo”. Siempre previsora, la mujer cuenta con una estufa instalada a una garrafa que utiliza para ayudar a secar sus obras de arte.
Como a cientos de personas, la pandemia afectó sobremanera a la familia de Celia que tuvo que cambiar por un tiempo de rubro por la costura de barbijos. Las ganancias por ese trabajo más sus ahorros le ayudaron a sostenerse durante 2021.
“A finales de enero se ha confirmado que se va a realizar el Carnaval de Oruro, nos hemos sentido muy contentos. Después de la confirmación hemos tenido pedidos, aunque no como los que acostumbrábamos a tener en pasados años. Ahora estamos trabajando sin tiempo. Nos quedamos hasta la madrugada elaborando las caretas”, contó.
En otro cuarto, acompañada por sus mascotas, dos canes, Miriam Corrales viuda de Flores, suegra de Celia, también trabaja sin tiempo. Al igual que Celia, heredó el arte de su difunto esposo, Germán Flores. Con una masa de yeso en las manos le daba forma a máscaras de un personaje de la morenada, la Negra Antonieta. Ella también siente alegría por la realización del Carnaval de Oruro, porque dice que volverá a ver a sus clientes.
El arte del bordado
Con una aguja en la mano, en otro punto de la ciudad, Jimena Flores trabaja de forma dedicada en el bordado de capas para bailarines de la diablada. Con habilidad y destreza, con hilo milán, lentejuelas y piedras brillantes le da forma a figuras de víboras, dragones y osos. Sus trabajos están casi listos para sus clientes.
Nuevas generaciones de bordadores y mascareros han heredado los conocimientos y habilidades de sus padres, la mayoría de estos artistas se congregan en la tradicional calle La Paz, donde uno al lado de otro han ubicado sus talleres. La fiesta ha evolucionado con los años, lo mismo que su trabajo; los materiales, por ejemplo, han cambiado: ahora la pedrería y las perlas son más económicas, aunque la calidad del material es diferente. Eso sí, el color, el brillo y la alegría, a pesar de haber atravesado tan dura pandemia, nunca se han ido. Que comience la fiesta.







