DIBUJO LIBRE
La identidad cruceña es un campo hiperpolitizado. Quien no comprenda esta realidad, sencillamente no podrá entender a Santa Cruz. Es sabido que las identidades políticas responden a estrategias para alcanzar el predominio, primero dentro y luego fuera del grupo. Ciertamente se instituyen en buena medida desde el ejercicio mismo del poder. Es decir, desde la posibilidad de imponer narrativas únicas que dan sentido al colectivo identitario y de suprimir las diferencias. De este material es del que está hecho la cruceñidad o identidad cruceña.
CRUCEÑISMO.
El cruceñismo no es otra cosa que la exacerbación de la identidad cruceña regional. Es la instrumentalización de la misma para legitimar la detención del poder en Santa Cruz por parte de una determinada clase dirigente e impedir, o al menos limitar, las condiciones para que otros actores entren en la disputa. En otros departamentos, ser paceño o ser cochabambino no genera la obligación de obrar políticamente bajo cánones definidos en espacios elitarios.
Recuerde el lector si alguna vez vio circular listas de traidores a Oruro o cualquier otra región, con la habitualidad que eso tiene lugar en Santa Cruz. ¿Cuándo fue la última vez que se supo de alguna lista de traidores a la alteñidad, a quienes se haya amenazado con muerte civil?
Esta situación, que es anómala en cualquier otro departamento que no sea Santa Cruz, es la evidencia, por el lado negativo, de la instrumentalización de la cuestión identitaria en Santa Cruz.
El mecanismo es simple, en su esencia. Una determinada élite social decide hacerse con el poder en un territorio. Para esto, recurre a afirmaciones míticas sobre su enraizamiento, sobre su predominio natural en ese ámbito. Divide a la sociedad entre quienes pertenecen al núcleo que supuestamente representa, quienes tienen el ‘derecho’ de acceder al poder, y aquellos que no. En el caso de Santa Cruz, la diferencia es visible y de carácter colonial.
Efectivamente, la querella cruceña por la postergación y el abandono del Estado fue bastante real hasta la década de 1950. Sin embargo, siete décadas después de la apertura de la carretera con Cochabamba y las líneas férreas hacia Brasil y Argentina, tal situación ya no existe como una realidad objetiva. Aun así, el conjunto del repertorio discursivo que da sustento a la construcción ideológica de la postergación prescinde de esto.
Más todavía, la migración, sin la cual no es posible la Santa Cruz moderna, se intenta presentar como un avasallamiento. Estas ideas, a la postre, terminaron instalándose en la esfera de las creencias y valores de la sociedad cruceña de manera hegemónica. El cruceñismo no juega en el cuadrante de los localismos habituales, viene recargado de ideología.
En contraparte, el Movimiento Al Socialismo (MAS), en ningún momento ha logrado presentarse como una alternativa seria para hacerse cargo de la Gobernación del departamento y menos aun de la Alcaldía de la ciudad capital. A dos décadas después de la emergencia de este partido, queda por demás en claro que el MAS ha elegido ser un partido colla, sin raíces entre las clases medias urbanas de Santa Cruz de la Sierra.
Consecuentemente, el cruceñismo reina sin nada ni nadie que le dispute su lugar hegemónico en el imaginario local.
CONFLICTIVIDAD.
El 22 de junio del año 2004, con el primer cabildo cruceño del presente siglo, comenzó el largo ciclo de conflictividad entre la clase dirigente cruceña de cuño tradicional, ultraconservador, señorial y feudal, contra el MAS, que en ese entonces estaba todavía en emergencia.
La querella cruceña, consciente de que solo con la voluntad de sus élites no iba a ser suficiente para hacer frente al proceso constituyente que se avizoraba, se instaló en torno a la idea de la “nación camba” y las “dos Bolivias”. El planteamiento se puede resumir en la noción de que, a diferencia de los departamentos con población mayoritariamente quechua y aymara, Santa Cruz, Pando, Beni, Tarija y al menos parte de Cochabamba, votaban consistentemente por opciones identificadas con la derecha política del país.
Esta era, al menos, la justificación hacia afuera de las élites cruceñas. En el fondo estaba la cuestión medular. El reclamo era por hacer de Santa Cruz un espacio de excepcionalidad respecto al cambio en el poder, en un momento en que era evidente que el orden del ciclo de la democracia pactada se venía abajo, irremediablemente.
Tal cual lo propuso el estatuto autonómico de Santa Cruz en su versión original, la idea era que el departamento no se vea afectado por la llegada al poder del MAS y que prácticamente sea independiente del resto del país. El interés estaba centrado, principalmente, en la propiedad de la tierra, el régimen agropecuario, impuestos, el aparato judicial y electoral, la Fiscalía y la Policía. Todo esto estaba reflejado en la redacción original estatutaria, fechada en 15 de diciembre de 2007.
En el tiempo, esa aspiración se denominó la lucha por las autonomías. El planteamiento, inicialmente regional, se amplió para incluir a los otros departamentos.
En realidad, fue siempre un planteamiento de excepcionalidad regional, de carácter feudal y señorial, por parte de la clase dirigente cruceña tradicional.
La conflictividad actual gira en torno al cruceñismo, al cual sus autores le están demandando que se haga cargo de una lucha nacional ( fuera del ámbito regional para el que fue diseñado), en la que lo están llevando por fuera de sus límites y lo están haciendo crepar.
¿ESTADO?
Con el último cabildo, del 13 de noviembre de 2022, se intentó remozar la querella de la excepcionalidad cruceña, bajo el argumento de “revisar la relación de Santa Cruz con el Estado”. En los hechos, esto fue lo que se planteó con los 36 días de paro. El resultado fue que, llevadas las cosas al extremo, al momento de concretar esa propuesta, no existe sino el retorno a la barbarie.
No es de extrañar entonces que en días pasados las cabezas de los tres principales gremios empresariales cruceños (Cámara Agropecuaria del Oriente, Cámara de Industria y Comercio y Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz) se hayan expresado demandando que las autoridades hagan prevalecer el imperio de la ley y el estado de derecho.
En la realización fáctica de la negación del Estado en Santa Cruz no existe otra cosa que la anomia.
(*)Pablo Deheza es periodista y analista político







