A Tonkas Goma, muchas personas sólo lo ven como un emprendimiento novedoso en El Alto. Pero más allá de ser un ‘simple negocio’, representa una nueva oportunidad de vida para un hombre y su familia.
Hace algunos años, desempleado y con una familia a la que sacar adelante, Rayner Rojas vio en las llantas usadas una posible forma de llevar el pan a su hogar. “Estábamos en pandemia, tuve que cerrar mi taller de llantería. Recuerdo que mi esposa estaba desesperada al verme sin hacer nada. Además, renegaba por la gran cantidad de llantas acumuladas que me dejó mi taller y decidí realizar macetas de goma y las llevé a la feria de la avenida Litoral”.
Con la restricción por el número de carnet, Rojas y su esposa se turnaban para vender los recipientes cada martes y viernes.

“La primera vez, una señora me las compró todas. ¡Me fui feliz a casa y comencé a hacer más!”.
Iniciar un emprendimiento siempre trae consigo miedo y desconfianza de que no resulte bien; más aún cuando hubo varios intentos fallidos. Este es el caso de Rayner y su familia. “Antes, nos dedicábamos a la compra y venta de autos; nos iba bien, trabajamos con el banco, pero un día me robaron un auto, traté de reponerme por mi familia y solicitamos otro préstamo para pagar la deuda y seguir, pero me engañaron con un auto clonado y volví a perder mi capital”.

Pese a los obstáculos, Rayner sigue adelante, desde niño está acostumbrado a luchar.
“Soy huérfano, cuando era bebé mi mamá me regaló a una pareja, que son mis papás. Lamentablemente, en mi adolescencia tomé malas decisiones, me recuperé y pude salir adelante”, indicó nuestro entrevistado
Inspirado en su duro pasado, decidió ponerle el nombre de Tonkas Goma a su emprendimiento. “Siempre quise esos autos Tonkas porque son resistentes y aguantan los golpes como yo. Además, refleja la resistencia de los muebles y macetas que realizo”.

Tonkas Goma, un emprendimiento ecológico, ofrece a la población una diversidad de macetas y juego de living inspirados en los clubes nacionales y en la naturaleza.
“(Debo) agradecer a Dios, a mi esposa Jhovana Llusco y a mis hijos Vladimir, Jazmín y Odalis, que me dan ideas para que pueda ofrecer un trabajo innovador y, sobre todo, me dan fuerza para seguir adelante”.
En la actualidad, su esposa y sus hijos representan un ancla en su vida. “Tuve una vida dura de la cual aprendí, ahora con la ayuda de Dios tengo mi emprendimiento, que recibe muchos halagos y estoy muy agradecido. Por eso quiero mostrar que es posible cambiar y tener una nueva oportunidad para ser feliz, a pesar de las circunstancias que nos toque”.

Su deseo de apoyar a otras personas que atraviesan dificultades no solo se quedó en palabras, sino que apoyó a tres jóvenes en situación de calle —como antes estaba él— para que aprendan el oficio. “Uno de ellos quiere entrar a la Anapol; otro, lamentablemente volvió a las calles, pero espero que pueda recapacitar y el otro sigue trabajando”.
Como Rayner Rojas, hay cientos de emprendedores en El Alto que no sólo ven en su negocio una fuente de ingresos, sino una oportunidad de vida.







