Las consecuencias de la guerra entre Rusia y Ucrania ha alterado las redes globales de suministro y está dejando heridas en la geopolítica que tomará décadas reparar, si acaso esto va a resultar posible.
A un año de iniciado el conflicto entre Rusia y Ucrania, es evidente que, aquello que la pandemia del COVID-19 no logró afectar, esta guerra sí lo está haciendo. El enfrentamiento entre las dos grandes potencias de principios del siglo XXI, EEUU y China, es el escenario de fondo en el cual juega el enfrentamiento. A continuación, repasamos las principales consecuencias de la contienda.
Lo primero más evidente es que la guerra revivió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En 2019, el presidente francés, Emmanuel Macron, declaró a la OTAN con “muerte cerebral” y el presidente Donald Trump amenazó con abandonar esas filas. La mayoría de los países miembros habían ignorado sus compromisos de aumentar el gasto y reconstruir las fuerzas armadas. La invasión de Ucrania le dio una nueva vida a la alianza. Esto es tan así, que los dos países no alineados más grandes de Europa Occidental, Finlandia y Suecia, han solicitado la membresía, uniendo a la mayoría de los países más ricos de Europa en oposición a Moscú.

Con Joe Biden al mando, EEUU volvió a intentar asumir el rol de líder mundial, algo que su predecesor Trump había descartado mayormente. La potencia de Norteamérica jugó un papel central reuniendo a los aliados europeos para apoyar las sanciones, los controles de exportación, las restricciones monetarias y las intervenciones en el mercado energético dirigidas contra la economía rusa. EEUU le ha dado a Kiev miles de millones de dólares más para armamento que el siguiente donante más grande, Alemania.
Como correlato de lo anterior, los lazos entre Rusia y China se han estrechado. La guerra en Ucrania ha cimentado la asociación de los principales rivales estratégicos de EEUU al profundizar la dependencia económica de Moscú hacia Beijing. China es ahora un comprador importante de gas y petróleo ruso con descuento, así como un conducto para los bienes que ya no están directamente disponibles para Rusia debido a las sanciones occidentales.

Las rutas mundiales del suministro de energía se han visto trastocadas de manera radical. Los países occidentales ya no compran petróleo ruso, en beneficio de los productores de energía del Golfo Pérsico y de EEUU. Esto también está permitiendo una mejor actitud hacia Venezuela, de quien se desea mayor volumen de producción. La interrupción del flujo de gas natural de Rusia a Europa ha creado una demanda de suministros estadounidenses, lo que convirtió a ese país en el mayor exportador mundial de gas natural licuado. La producción de Rusia está disminuyendo y Moscú depende cada vez más de las ventas a China e India.
No menos importante, la naturaleza misma de la guerra está cambiando, con nuevas tecnologías antes no presentes.







