Amanece en el mercado y el sol caliente tiñe el cielo de azul. (…) Desde lejos, se huele el perfume del incienso y el fresco olor de las hierbas aromáticas expuestas por todas partes.
Las señoras venden sus medicinas y explican sus usos, sus propiedades, sus místicas y sus preparados mientras intercambian las plantas con los compradores. La gente busca de todo: un té de coca para la fatiga, la menta para el resfriado, una infusión de hierbas que espanta las malas energías; otros, un poco más lejos, arriesgan pedir algo para atraer el amor. Cada uno buscando sus formas de sanar, sea el cuerpo o el alma”, dice el texto de las curadoras de arte Gisela Volá y Maira Gamarra en el ingreso a la sala Diez de Medina del Museo Nacional de Arte (MNA), en la calle Socabaya de La Paz.
En el espacio se vive el resultado de lo que fue, en el proceso de su creación, un laboratorio de cianotipo, donde la alquimia fue protagonista. Se mezclaron plantas —ramas de romero, pizcas de manzanilla, ruda y tila—, se fusionaron dos químicos —ferricianuro de potasio y citrato de amonio férrico— y se entretejieron historias sobre las mujeres sanadoras vestidas con sus aguayos y dispuestas a ayudar a curar el alma y el cuerpo. Las imágenes azules que se ven al ingresar conforman la muestra Ajayu de Wara Vargas Lara, donde decenas de grandes negativos, plantas medicinales acomodadas en el ambiente y que desprenden su aroma, y un video sonoro de olas marinas ejercen de medicina y alivio.
“La fotógrafa se ha dedicado a investigar y a conocer a estas mujeres y su oficio. Ajayu es un homenaje a las sanadoras por su resistencia en mantener vivas las prácticas antiguas, por exaltar la comunión con los elementos, contemplar su esencia y los saberes naturales, reverenciar las voces de las que vinieron antes de nosotras. Es una celebración a la vida para que sus labores reciban nuestra admiración, para que sus manos cuidadoras acepten nuestro agradecimiento y sus ojos reconozcan nuestro respeto “, continúa el texto.
La muestra, que estará disponible hasta el 9 de agosto, trata sobre la sanación “a través del retorno al verdor de plantas”, dice su autora. “Cada persona elige su proceso de sanación, lo cual es necesario en este tiempo que hay tanto luto en el país y en el mundo. Esta obra pone sobre la mesa el hecho de que todos tenemos un ritual sanador, ya sea comer chocolate, estar en cama o ver películas. En mi caso es el arte. Y, en el caso de los bolivianos durante la pandemia, ha sido el retorno a lo ancestral: hemos vuelto al acto de prevención, aquel de tomar mates y oler plantas”.
Crónicas visuales
Técnicas de antaño y otras alternativas se utilizaron para Ajayu, un trabajo que es “resultado de una faceta más experimental”, cuenta Vargas, que inició el proceso de este proyecto en septiembre de 2020. “He creado negativos de hasta un metro por 60 centímetros, negativos de gran formato, que, previamente, hay que pintarlos en un cuarto oscuro. Cada obra es única, estuvieron expuestas al sol para que queden registradas. Empecé con seis fotografías y hoy tengo más de 80”.
Esta historia, la de las mujeres sanadoras siempre junto a sus plantas, es una más que se suma al lente que busca retratar la realidad boliviana. Vargas fotografió también a los integrantes de la Carpa de la Dictadura en La Paz —proyecto del que surge un libro testimonial—, participó en Hay ángeles entre nosotros, una serie de imágenes de personajes del Carnaval de Oruro capturados en su cotidianidad. Hoy trabaja sobre un retrato a una comunidad de personas ciegas en La Paz y su vida durante la pandemia del COVID-19.
Estos proyectos, como Ajayu, surgen de un afán personal: narrar la vida. “Es parte mía esta urgencia de querer contar historias, de buscar decir algo y retratarlo”. Esta inquietud se vio atendida, durante 15 años, por su profesión de fotoperiodista en medios como LA RAZÓN. “En mis proyectos he aprendido mucho sobre la historia de mi país, no porque no la sabía, sino porque conocer la realidad te hace más sensible. Si no hubiera sido fotoperiodista, no sé si sería la misma persona. Tantas cosas que uno ve de primera mano nos acercan a una realidad sin filtro y esto se refleja en las fotos: cuando de verdad se adentra en un tema, la imagen lo muestra”.
En esa búsqueda de adentrarse en las vivencias, personas y situaciones de su país, Vargas dejó hace dos años los medios periodísticos. Actualmente trabaja, en el marco de una beca de National Geographic y mientras recibe a la gente en su muestra Ajayu, en un proyecto sobre las parteras kallawayas.
Y antes de hacer cada disparo, siempre piensa en su pregunta pilar: “¿Por qué no contamos nuestras propias historias?”.







