Cuatro días después de la toma de poder por los talibanes, carteles y fotos de mujeres fueron borradas o vandalizadas en Kabul. Aquello generó fuerte reacción internacional, ahora opacada por la cuestión migratoria que trae la evacuación de Afganistán.
Después de 20 años de una devastadora guerra, toda Afganistán se divide entre el alivio y el temor. Por un lado, es el fin de un largo conflicto que dejó a decenas de miles de muertos y millones sin hogar desde 2001.
“La gente está muy feliz. No habrá más corrupción, y tal vez no más bombardeos”, dijo a la AFP un periodista de la ciudad sureña de Lashkar Gah, en la provincia de Helmand.
Sin embargo, la incertidumbre que trae el nuevo gobierno extremista inquieta a muchos. En especial a las mujeres que aún no tienen certezas sobre si podrán continuar trabajando, recibiendo educación en todos los niveles y relacionándose con los hombres.
La AFP reporta que educadores en el territorio afgano cuentan que los extremistas están dejando que niñas reciban educación, pero bajo estricta segregación.
“Las maestras pueden ir a la escuela, pero no pueden trabajar junto con hombres”, aseveraron. Otra de las órdenes del régimen es prohibir música y canto.
El gran temor es que se repita el brutal régimen impuesto en la década de 1990, en el que las mujeres quedaron confinadas en sus hogares, la mayoría de las actividades de entretenimiento se prohibieron, al tiempo que se practicaron castigos como lapidaciones y ejecuciones públicas.
Pero los talibanes se han comprometido a respetar los avances logrados en derechos de la mujer, pero solo de acuerdo con su estricta interpretación de la ley islámica. Esta acotación ha sido recibida por la comunidad internacional con esceptisismo y los expertos se preguntan si se trata de una manera rápida de asegurarse el reconocimiento internacional y la continuación de la ayuda vital.
Mientras tanto, en las ciudades, impulsadas por fe o miedo, algunas mujeres volvieron a usar burka, que cubre todo el cuerpo y el rostro, con una rejilla de tela a nivel de los ojos, algo común en el sur que se caracteriza por ser profundamente conservador. Esto sucedió pese a que un portavoz, Suhail Shaheen, afirmó que la burka ya no sería obligatoria.
En todo el mundo se han organizado manifestaciones en apoyo a los civiles afganos, en especial a las mujeres y las niñas de este país. Entre esas voces estaban la Unión Europea y Estados Unidos.
Pero pasado el tiempo, ni bien comenzaron las migraciones de refugiados escapando del régimen talibán, esta preocupación por las mujeres parece haber sido desplazada por intereses migratorios mientras continúa la evacuación de Afganistán.
Así el mandatario de Rusia, Vladimir Putin, pidió frenar la huida de refugiados a exrepúblicas soviéticas de Asia Central, alertando de la eventual llegada a su país de «combatientes disfrazados de refugiados».
Le hacen eco personajes como Donald Trump y afines a este en el partido republicano, quienes fomentan en la población el rechazo a la inmigración de los refugiados en territorio estadounidense.
“El discurso parece ser: nos dan pena las mujeres afganas, pero tenemos que proteger nuestras fronteras de la migración irregular”, dijo en redes sociales la escritora boliviana Valeria Canelas.
Por otro lado, en cantidades limitadas, refugiados van a países como Albania, Reino Unido, Kosovo, Alemania, México, Suiza, Francia, Brasil y Canadá.
Mientras tanto, subraya Canelas, mujeres afganas fuera de Afganistán ven impotentes cómo el régimen talibán y las evacuaciones ganan terreno en ignorantes discusiones virtuales que reducen miopemente la vulneración de las afganas a “solo burkas”.
Prolifera la islamofobia en medios y redes
Estados Unidos espera completar la evacuación de Afganistán hasta el 31 de agosto, en medio de críticas, internas y externas, por cómo está sobrellevando esta operación.
Mientras esto dure, los ojos del mundo están posados sobre Afganistán y los talibanes, sus nuevos gobernantes, representantes del islamismo radical. Por ello, medios de comunicación y redes sociales se han llenado de imágenes y opiniones que, según quien las esgrima, pueden convertirse en una campaña brutal de islamofobia, aseguró Canelas.
“Como argumento usamos las imágenes de las mujeres afganas, para así alimentar la islamofobia que justificará el cierre de fronteras, que perjudicará a esas mismas mujeres”, aseveró en sus redes sociales.
Reduciendo a los islamistas a “productos de la barbarie”, el rechazo en redes sociales a abrir fronteras es una muestra de una islamofobia que tal vez no ha procesado que los talibanes son una rama radical y que esta religión es mucho más que esta actual crisis.
¿La solución? Según Canelas: leer e investigar antes de opinar sobre este tema.






