El Salmón regresó al ruedo con canciones interpretadas a dúo. El título de su disco es Dios los cría y contiene una versión de Bohemio en la que Andrés Calamaro se mezcla con Julio Iglesias. Nada más, ni nada menos. Una herejía que tiene mi perdón y la acepto — solamente a él, y nada más que a él— porque la concibo como un gesto irónico. Le perdono, también, porque pude disfrutar su talento en un concierto en vivo realizado a principios de octubre de 2019 en una ciudad que él resignificó como “Coche-bomba”, sin saber que estaba presagiando la irrupción violenta de ese infame grupo parapolicial denominado Resistencia Juvenil Cochala. Y, ahora, con “Dios los cría… y el diablo los junta” está refiriéndose, sin saberlo obviamente, a los actores políticos, cívicos y clérigos que en noviembre de 2019 se reunieron en los turbios ambientes de la “cato” para conspirar contra la democracia en nombre de la democracia.
En fin, “Dios los cría”… y el Salmón los junta en un disco. Y algunas combinaciones son estupendas, como los dúos con Lila Downs, Vicentico, Manolo García y Javier Limón, León Gieco, Mon Laferte y Milton Nascimento, y ni hablar del tango Jugar con fuego entonado con Raphael. Y ese juego con fuego que nos remite al diablo me hizo recordar unas reflexiones sobre el personaje de apellido con connotación religiosa.
Cuando escuché esta versión de Bohemio—por primera y última vez— recordé unas líneas escritas sobre el cantante español y una amenaza cumplida como profecía. Aquí va. Una frase célebre de la Madre Teresa de Calcuta me vino a la mente cuando, perplejo, leí la terrible noticia: Julio Iglesias declaró que solo dejará de cantar cuando se muera. La mentada frase de la religiosa premiada con el Nobel de la Paz era: “Hay que dar hasta que duela”, refiriéndose, obviamente, a su entrega a los pobres en las peores circunstancias. Y Julio Iglesias, español católico al fin y al cabo, sigue ese ejemplo, pero quienes sufrimos dolor somos nosotros y, en este caso, es innegable que la bondad debería tener límites.
Esa frase también fue utilizada por un rudo y fornido defensor del fútbol argentino que, ante la inquietante pregunta acerca de sus temerarias patadas cuando el delantero rival lo gambeteaba, soltó aquello de que “hay que dar hasta que duela”. Se preguntarán a qué viene esa mención futbolera si estamos hablando de música, pues a que si no hubiera sido la mala puntería de un jugador merengue que propinó un puntapié a Julio Iglesias, por entonces una promesa de arquero en el Real Madrid, este tipo no habría colgado los cachos por una lesión. Por ese motivo, el mundo perdió un guardameta mediocre y ganó un esperpento de voz que nos azota desde hace varias décadas. Y en su haber tiene varios crímenes de lesa humanidad: perpetró unas versiones melifluas de las recias canciones de José Alfredo Jiménez, atentó contra el tango en un álbum que es un asesinato serial, realizó esa afrenta al ballenato cuando secó La gota fría rodeado de mujeres bellas pero seguramente sordas. Podría seguir elaborando una lista interminable de oprobios porque el tipo fue prolífico y, para desgracia nuestra, amenaza con seguir cometiendo transgresiones a la estética. Aunque esta vez con la complicidad de Andrés Calamaro que, no por nada, en el video de Bohemio usó imágenes dibujadas al estilo cine noir con cierto aire macabro. En fin, espero que sea la última aparición musical de este personaje con nombre de mes y que el Salmón siga haciendo bromas pesadas.
Fernando Mayorga es sociólogo.






