Líder y fuerte, así recuerda Emma Junaro a su hermano Jaime. La cantante, en el programa Piedra, papel y tinta dirigido por Claudia Benavente, se remontó a los años donde, junto a sus hermanos, la música se convirtió en el enlace de sus vidas.
“Jaime, mi hermano, se fue consciente. Consciente de Dios, de a dónde iba a ir y a quiénes iba a encontrar: a mi papá, a mis abuelitos y a los que partieron”, dijo emotivamente Emma —una parte del tercio Junaro junto a Jaime y César— para rendirle un homenaje montado de recuerdos y canciones a capela.
“De los tres hermanos, hace poco partió uno. Tendrán en el cielo quien cante y componga para ustedes”, la animó Benavente. “Así es. Lo esencial y lo que rescato de este último tiempo es esa conexión más fuerte todavía que creamos entre los tres. En tantos años de estar viviendo él en Francia y nosotros con César en otras ciudades, y siendo tres hermanos tan unidos pero distanciados geográficamente, hemos descubierto otro tipo de conexiones, esas son las que quedarán”.
Desde pequeño, Jaime Junaro amparaba a sus hermanos y los quería a su lado. “Cuando él tenía 11 años, recuerdo que nos decía ‘pronto pasarán la década para poder estar juntos de nuevo’. Eso lo repetía incansablemente: ‘estar juntos’. Cuando cumplió 50 años nos dijo a César y a mí lo mismo. Recién ahora nos separamos ”.
En la vida de los otros dos, Jaime siempre fue la cabeza al mando. “Ha sido toda la vida un líder en nuestras vidas. Él empezaba algo y nosotros lo seguíamos, así pasó con la guitarra”.
Aquel cariño y cuidado fue construido por la música que, desde niños, ofició como el enlace entre los hermanos y la familia. La fe fue el motor común. “Tuvimos un regalo y un talento. Hemos crecido en el seno de una familia cristiana, tanto que de pequeña yo quería ser la pianista de mi iglesia. Las canciones de la iglesia nos formaron”.
A medida que fueron creciendo, se fueron distanciando geográficamente, pero jamás en cariño. “Cada uno tiene su camino y nos hemos ido cruzando y distanciando, pero en los momentos clave y en la música siempre estuvimos juntos. Como en todos sus discos, en esta canción se traduce perfectamente su inquietud, sus anhelos y sus sueños”.
Interrumpió su relato para cantar Quiero ser libre contigo, tema que escogería una y otra vez de su hermano. “Cuando la escuché por primera vez, dije ‘esa canción es para mí’, es un símbolo que habla de amor, de la necesidad de andar juntos y luchar por la libertad de a dos. Es una propuesta y un desafío para todos”.
En el galpón de La Razón se escucharon, a capela, fuertes y tiernos versos: “Quiero sin tu mano caminar, por la vida sin razón; quiero tener un mundo de color entre los cielos y el mar; quiero sembrar en tu corazón una esperanza de amor; no quiero ver más llanto ni dolor; quiero que tengas calor; quiero ser libre contigo”.
RECUERDOS. “¿Qué significa cantar a capela? ¿Es difícil Emma?”, preguntó Benavente. “Cantar a capela es hablar emotivamente. Cuando murió mi papá yo no podía, pero Jaime cantaba y cantaba y yo solo lo admiraba. Él tenía una fortaleza interior muy grande. Vivió muchos momentos difíciles y él estaba siempre ahí, listo para seguir. Así se siente cantar a capela”.
La vida de Jaime Junaro se fue consumiendo poco a poco, y entre tanta música “fue derrotado por esta enfermedad silenciosa que es la diabetes. No murió por coronavirus. El último tiempo fue muy difícil y luchó hasta comprender que posiblemente no iba a hacer todo lo que él quería”.
En los años en los que aún estaban juntos los hermanos, Emma Junaro recuerda que muy joven ella vendía los discos de Savia Nueva y que también era cautivada por el poder de la canción como protesta. “Savia Nueva nace en 1974 y hasta el año 76 fue la grabación del primer disco, cerca a la apertura democrática. Me vienen a la cabeza las jornadas de peñas, de reuniones de jóvenes entregados a la justicia y a la búsqueda de libertad”.
Para Emma Junaro, la música, desde aquel entonces hasta ahora, es una forma de vivir artísticamente y con un propósito. “Cuando entiendo que venimos de Dios y de una musicalidad que existe desde siempre, la vida cobra otro sentido. A lo largo de ella, la música siempre nos acompaña. Después de la vida también seguiremos cantando”.
CANCIONES. No solo la música tejió los grandes momentos de su vida, sino también la enseñanza. “Mi sueño siempre fue enseñar y ser profesora, pero mi papá me puso un freno, me dijo que no debía ir a la Normal, sino a la Universidad”.
“Empecé a buscar algo más grande y aquí no lo encontraba, entonces decidí ir a Uruguay a estudiar. Entendí muchísimas cosas. Aquella experiencia ha sentado mis bases, sin saberlo, de lo que necesitaba para realizar un sueño: enseñar. Hoy me siento totalmente realizada como docente”.
La artista también recordó el impacto de la música popular y sus canciones en su vida. “Para mí este tipo de música es la esencia de la vida del ser humano y de su cultura: labra al ser humano en su día a día, rescata la vida misma, el lenguaje, las costumbres, atrapa los sueños, transmite afectos”.
Benavente, de toda su música, recordó dos temas: Para recibir el canto de los pájaros y La resolana. De la primera, Junaro recuerda la dirección de Cergio Prudencio a la hora de armar el tema. De la segunda, dice “es la canción que me escogió desde que la escuché por primera vez a mis 15 años”.
Después de interpretar su emblemática canción, la hermana de César y Jaime cantó, sin compañía de instrumento alguno, Le parapluie (El paraguas) de George Brassens, tema con el que se despidió de su hermano, de su público y cerró el homenaje.







