Yla culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eras tú”, dice el verso más cantado en España, México, Turquía, Argentina, Chile y Bolivia de la performance creada por LASTESIS, un colectivo feminista fundado por cuatro jóvenes y reconocido por la revista Time como una de las 100 personalidades más influyentes de 2020, aunque la nominación resulta ser un detalle más en medio de una compleja lucha contra el patriarcado. Dafne Valdés, Paula Cometa, Sibila Sotomayor y Lea Cáceres, nacidas en Valparaíso (Chile) y a favor del enfoque interseccional, apuestan por un diálogo entre las tesis feministas y las manifestaciones artísticas como reivindicación de las mujeres y la comunidad LGTBIQ+. Y ahora quieren Quemar el Miedo.
—¿Cómo ven el movimiento feminista en Latinoamérica en un contexto de crisis sanitaria muy distinto a 2019 cuando, por ejemplo, las plazas eran espacios de lucha, de protesta?
—Está activo, aunque con la pandemia las prioridades van cambiando. La violencia doméstica ha sido un tema muy importante durante este tiempo; el confinamiento finalmente hace evidenciar aún más las formas de violencia contra las mujeres, infancia y personas de las disidencias. Así que hay luchas importantes y que en cuanto se pueda recuperar las calles van a florecer temas como el aborto, mientras tanto América Latina tiene que estar observando y constantemente poniendo en su lugar a los agentes que finalmente resultan ser quienes proporcionan la violencia; visibilizando las prioridades que no son ni de derecha ni de izquierda, y construyendo las relaciones entre colectivas feministas, transfeministas latinoamericanas con organizaciones africanas, afrodescendientes, europeas y asiáticas que son importantes. Así que tenemos que estar despiertes, atentes y listes para reactivarnos.
—Ustedes incentivan a la acción en la lucha feminista. ¿Cómo hacerlo?
—Nosotras creemos mucho en el “hágalo usted misme” desde las herramientas que tenga, que pueden no ser muchas: no tienen que ser académicas, no tienen por qué tener un grado en arte, teatro o en lo que sea, sino que en verdad teniendo un cuerpo, son muchas las cosas que podemos hacer. Por ejemplo, nuestros vínculos con lo musical son absolutamente autodidactas, no nos dedicamos a la música, sin embargo desde que empezamos a trabajar en 2018 nos daba la sensación de que era muy necesario que tuviera un ritmo. Hay muchas cosas que se pueden hacer solo con el ímpetu y sin temor de nada. También creemos que ese activismo está en el cotidiano: en el cómo nos relacionamos con nuestra familia, cómo entendemos la construcción familiar, cómo comprendemos otros posibles vínculos de distinta filiación que no pasa por lo sanguíneo ni lo sexo afectivo; como también en lo laboral, este activismo en el cotidiano como cuando voy caminando por la calle. Creemos que hay que estar todo el tiempo operando, lo que es un ejercicio bastante agotador, pero en ese sentido la lucha feminista es constante. Y en el contexto latinoamericano el diálogo entre el arte y el activismo, o sea, el artivismo, es algo muy potente y que a veces en los países del Norte no está instalado de la manera en que está aquí, de la manera en la que está en Chile, Argentina, Bolivia o Perú. Además, en nuestra lucha nos ha hecho sentido el diálogo con las personas de la disidencia del sistema sexo-género, con quienes compartimos tantas opresiones y creemos que tenemos muchos puntos en común en nuestra lucha y que juntes somos más fuertes.
La letra y la coreografía de Un violador en tu camino parecen sencillas, pero por detrás hubo un trabajo de investigación basado en el libro Calibán y la bruja de Silvia Federici. ¿En el camino que eligieron, por qué el cuerpo se convierte en uno de los protagonistas de la lucha feminista?
El cuerpo es el primer territorio que habitamos, y en el caso de mujeres y personas de las disidencias hay un tema de cómo el cuerpo se transforma en un territorio de opresión; un territorio de violencia que nos atraviesan en múltiples ámbitos que no tienen que ver solamente con las personas gestantes o con capacidad de gestar. Nos parece importante esa reivindicación; cuerpo como territorio y esa reapropiación como una herramienta de lucha y de resistencia. Además, eso se vincula directamente con esta creencia que tenemos en el potencial transformador de la performance, cuyo sustento, ya sea artístico o cultural, es el cuerpo. A lo largo de la historia hemos visto cómo las luchas muchas veces parten desde ese territorio oprimido, parten de ese lugar y el tema de vincular la performance con los feminismos o transfeminismos tiene que ver con eso, con esa potencia política que conlleva la apropiación del cuerpo que no es cualquier cosa como pareciera, como algo evidente, pero en verdad creemos que no, que ahí hay una vuelta importante, una lucha de muchos años pero que sigue en la actualidad.
—Son varias las manifestaciones artísticas que realizaron pero Un violador en tu camino reflejó un salto generacional; hubo adultas mayores cantando y realizando la coreografía en diferentes países. ¿Este salto fue buscado?
—Cuando generamos la intervención y definimos la coreografía, intentamos que fuera muy sencilla pensando en que una gran mayoría de personas pudiera ejecutar estos movimientos, eso era muy importante para nosotras. Y que los movimientos y la letra generarán una alianza, no una dicotomía, no una separación, sino que dialogarán. Y lo que sucedió con LASTESIS senior, personas mayores de 40 años, de alguna manera corroboró esa premisa. Era impactante lo que aquello significó, y lo mismo con este efecto sanador de la performance, con ese momento en el cual una misma apunta hacia afuera, algo sucede en torno a su experiencia de violencia sexual y que también fue algo que descubrimos cuando hicimos la performance en la calle por primera vez; como que antes eso estaba en el terreno de las ideas y hay cosas que solo se concretan cuando se realizan a través de la acción, en ese sentido tiene mucho que ver con lo performativo, o sea, con el cuerpo.
—¿Y cuál es el vínculo que tiene con los sectores populares, con los indígenas?
—No hay un vínculo directamente, pero nuestras convocatorias apuntan a todos los sectores económicos pero evidentemente hay una necesidad mucho más fuerte de hablar de feminismos en sectores populares en donde también los Estados y sus aparatos educacionales han minimizado de alguna manera la posibilidad de mayor información, por ejemplo, respecto al género. Eso quizás es una de las deudas que tenemos las feministas que venimos de la academia.

—“Feminazi” es un insulto que utilizan para descalificar el movimiento feminista. ¿Qué opinan sobre el adjetivo?
—Hicimos un video como respuesta en base a un texto corto de Paul B. Preciado que se llama Quemar el miedo, que va definiendo también un poco la idea de por qué te llaman feminazi, qué podría significar, qué pasaría si realmente fuésemos feminazis y si ejecutáramos las mismas violencias que el opresor histórico a la manera de los nazis. Como dice Paul B. Preciado, nos queda mucho, pero mucho margen para que nos llamen feminazis.
—En esta entrevista no colocamos las respuestas individuales, sino la postura de LASTESIS. ¿Cuál es la importancia que le dan al trabajo colectivo?
—Lo colectivo dialoga con lo político, con esa idea de potencia desde la colectividad y sin abandonar nuestras luchas personales, nuestras vivencias, nuestras propias realidades, violencia, etcétera; sino cómo a partir de lo colectivo logramos luchar en contra de estas violencias y opresiones comunes que compartimos. En esta idea del nosotras y no de la experiencia de una. Entonces, desde un principio para nosotras tenía mucho sentido el conformarnos como un colectivo porque también alude a una estructura que no es jerarquizada, que no es vertical.
—Este año presentaron dos libros. ¿Sobre qué escribieron?
—Por un lado está la Antología, donde compilamos teoría feminista de varies autores y escribimos el prólogo pero hay también poemas, dramaturgia, arte textil, diseño, fotografía, mostramos cómo las manifestaciones artísticas dialogan con lo teórico. Con el libro pensamos en acercar a personas que no tienen relación con los feminismos, que fuera introductorio, y también fue pensado para las personas que están dentro de los feminismos donde pudieran encontrar otras cosas. Y por otro lado está Quemar el Miedo, escrito en primera persona plural y desde el nosotras, considerando que la experiencia de una es la experiencia de todes. Lo que sale de ese libro son cosas que nos han pasado, pero lo que nos parecía muy importante era no hablar de nuestra biografía, por eso no le ponemos nombre y apellido, sino que desde el nosotras mostrar el cómo, en ese ejercicio de que la experiencia de una es la experiencia de todas.
—¿Y cuál será su próximo trabajo?
—Estamos entrando en una discusión con las pistas que nos entregan los estudios de urbanismo feminista; ver la relación del espacio público y el género como esta idea de que el espacio público, el urbanismo, digamos las ciudades están pensadas para el “sujeto masculino o neutral”, esta discusión en torno a la organización, pero desde esta perspectiva de género.

Libros indispensables según LASTESIS
— Género y disputa – Judith Butler
— La guerra contra las mujeres – Rita Segato
— Manifiesto contra sexual- Paul B. Preciado (Última edición)
— Calibán y la bruja- Silvia Federici
— Mujeres artistas- Flavia Frigeri
— Teoría King Kong- Virginie Despen







