Protagonizadas por diferentes sectores sociales, las protestas se han vuelto recurrentes en la ciudad de La Paz, sede de gobierno; pero, más allá de los problemas para el transporte, también repercuten de manera negativa en la salud.
El médico neurólogo Lucio Valda explicó a La Razón que la explosión de petardos y otros artefactos que son utilizados por los manifestantes generan un riesgo para la salud, que puede traducirse en problemas que van desde el estrés hasta problemas en el oído.
“El trauma acústico, ¿por qué cree que se está prohibiendo la bocina en los vehículos?, porque lastiman el oído, el nervio auditivo; en el trauma acústico una vez que se lesiona el nervio auditivo ya no se recupera, o sea, al paciente lo puede llevar a la sordera, a la hipoacusia, poco a poco va bajando y eso puede terminar en tinnitus o acúfenos, que es zumbido de oído permanente y pérdida de la audición”, señaló Valda.
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Las movilizaciones en La Paz han sido acompañadas, en muchos casos, por petardos y hasta dinamitazos. Los gritos y hasta enfrentamientos con la Policía con el uso de agentes químicos son también comunes, la gente que circula por el centro paceño ya sea para ir a su trabajo, al colegio o su hogar, está en el medio de todo esto.
PROTESTAS
“Más allá del tema de salud que es importante, es el problema del miedo que produce en la gente porque esta considera que una de esas manifestaciones puede provocar agrupación de gente agresiva; entonces al retirarse de ahí sufre un estado de ansiedad, tensión, nerviosismo”, explicó el neurólogo.
Durante las protestas, como las del magisterio urbano que lleva su sexta semana de movilización, la gente se protege como puede de los estruendos que generan los explosivos. La existencia de edificios de varios pisos causa un efecto de caja de resonancia de los explosivos; por lo que mucha gente camina cubriéndose los oídos o improvisando tapones con algodón o pañuelos desechables.
Las comerciantes que trabajan en el centro son quienes están más expuestas a los riesgos que genera la explosión de petardos y en algunos casos dinamitas. Dicen estar acostumbradas, pero si continúan en ese ritmo pueden padecer a futuro algún daño auditivo.
“A consecuencia de eso hay pérdida de audición que puede llegar a la sordera y a la presencia de un ruido bastante importante en la cabeza, que provoca un estado de nerviosismo al paciente porque no le deja ni dormir. Eso se comprueba con un audiograma que hacen los otorrinolaringólogos, que va a mostrar una disminución de audición muy severa, además irreversible”, enfatizó Valda.
CONSECUENCIAS
El cierre de calles, enfrentamientos y todo lo que conlleva una marcha o bloqueo también generan un golpe para los negocios de alrededores del kilómetro cero.
“Con los bloqueos y las manifestaciones mucha gente pierde dinero; en el caso mío, soy médico neurólogo, hace un momento estaba con un paciente, pero debido al ruido de la marcha no he podido ni siquiera conversar con él, mucho menos hacerle su examen neurológico porque no escuchaba nada; entonces el perjuicio que se provoca desde el punto de vista laboral es enorme”, sostuvo.
Hace algunas semanas un grupo de estudiantes de la carrera de ingeniería de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) salió a monitorear el ruido que generan los petardos; los sonómetros que utilizaron marcaron 101,4 decibeles, siendo que el nivel máximo que soporta el oído humano es de 85 decibeles.







