India está ocupando el primer plano estadístico: en estos días se acaba de convertir de forma oficial, según la ONU, en la primera potencia demográfica del mundo. Con 1.428 millones de habitantes –y creciendo– supera por primera vez en la historia de la humanidad a China: 1.425 millones, país que ha perdido 800.000 habitantes a lo largo del último año.
El llamado elefante (demográfico) indio, además de sobrepasar en población al dragón chino, quintuplica casi ya población de Estados Unidos y más que triplica la de UE; tiene siete veces más población que Nigeria, el país más poblado de África; y se ha alzado hasta la quinta posición en el mundo como potencia económica, tras EEUU, China, Japón y Alemania, desbancando de ella al Reino Unido, su vieja metrópoli colonial y se calcula que podría alcanzar la tercera plaza en el ranking económico mundial en 2030. Este inmenso país (con casi 3.300.000 kilómetros) presenta marcadas debilidades y algunas fortalezas en el plano demográfico, socioeconómico, territorial y político.
Sin duda su mayor debilidad socioeconómica es la pésima distribución de la riqueza: se calcula que tan solo el 1% de la población posee el 40% de la riqueza del país, en tanto que el 50% de población con ingresos más bajos posee apenas el 3% de la riqueza total, según datos de la prestigiosa organización Oxfam International. Estos datos convierten a la India en ejemplo paradigmático de país rico poblado de gente pobre.
Esta desigual distribución de la renta explica que la renta per cápita (concepto poco representativo a tenor de los datos anteriores) sea en la actualidad baja: $us 2.256, valor que le aproxima más a Nigeria, donde es de $us 2.065, que a la de los países occidentales: la renta per cápita inglesa es 20 veces mayor. La de China, su vecino continental, es seis veces mayor.
Un problema endémico en la India es la jerarquizada organización de la sociedad en castas que aún pesa en el país. En el sistema hindú, casta (varna) significa color. Informan los antropólogos ingleses como en la parte superior del orden jerárquico estaban los brahmanes, que eran y son principalmente maestros e intelectuales, por debajo estaban los kshatriyas, o los guerreros y gobernantes, y los vaishyas, o los comerciantes, y en la parte inferior los shudras, que hacían todos los trabajos serviles. Fuera de este sistema de castas hindú estaban los achhoots, los dalits o los intocables.
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Actualmente, a pesar de la relativa modernización social y de que la antigua sociedad en castas quedó abolida en 1950, poco después de la independencia del país, este milenario sistema social sigue pesando socio-culturalmente, singularmente en el mundo rural, lo que obstaculiza la necesaria capilaridad social y el propio desarrollo del país. En la actualidad, en el plano socioeconómico, India goza de los que se ha llamado el dividendo demográfico, situación que se da cuando la fecundidad se reduce mucho (el número de hijos por mujer ha disminuido progresivamente desde cinco en 1977 a tan solo dos en la actualidad) y por tanto pesa poco la base de la pirámide. En la parte alta de la pirámide poblacional, como consecuencia de venir de un país recientemente con estructura joven, de una mortalidad relativamente alta y de una esperanza de vida que justo alcanza los 70 años (Japón, 86 años), el porcentaje de mayores de 65 es bajo (7% frente al 14% de China el 17% de EEUU o el 21% de España).
El dividendo demográfico es condición necesaria, pero no suficiente, para el desarrollo del país, pues para serlo precisa que esos más de 400 millones de adultos jóvenes (que constituyen la mayor reserva de mano de obra del mundo) estén formados y cualificados y se cree en el país un mercado laboral capaz de absorberlos, lo que está ocurriendo solo parcialmente: Bengalore, polo tecnológico del mundo, constituye un excepcional ejemplo.
En el plano territorial, India, país de dimensión subcontinental, también es un espacio paradigmático en lo que desequilibrios demográficos y socioeconómicos se refiere. Desequilibrios entre un norte pobre y extensamente poblado y un sur más rico y más equilibrado en su poblamiento; desequilibrios entre el mundo rural y el urbano; desequilibrios en el seno de las ciudades entre clases altas y un inmenso ejército de desheredados; desequilibrios de renta y riqueza como en ninguna otra parta del mundo…
En otro orden de cosas, un problema local y global es la contaminación ambiental y de residuos: sus ciudades prestan los estándares de calidad del aire y del agua de los más bajos del planeta: la polución se ha convertido en la tercera causa de muerte de este gigante asiático.
En el plano de la infraestructura, India estalla por sus costuras: las infraestructuras (de transporte, saneamiento, energéticas…) constituyen un auténtico cuello de botella para el desarrollo del país, por ello el ICEX español considera que en el largo plazo este sector está llamado a ser un sector estratégico y uno de los más dinámicos del país.
En el plano político, la llamada mayor democracia del mundo presenta no pocas limitaciones. El Instituto V-Dem de Suecia considera que al país es de facto una “autocracia electoral”. India es un Estado hindú teocrático y corporativo, asentado en una administración extraordinariamente burocratizada y un sistema judicial sobrecargado que, sin embargo, y a la par, se muestra también fuerte e independiente.
Tradición y modernidad, riqueza y pobreza; desarrollo y atraso; clase media con alta capacidad de consumir –alfabetizada y anglófona– frente a cientos de millones de pobres sin recursos, analfabetos y socialmente marginados; siglo XXI y medievo coexisten en el mismo espacio.
Pedro Reques Catedrático de geografía humana de la Universidad de Cantabria







