El año 2021 perdí a mi padre cuando enfermó de COVID-19, No pude ir a darle el último adiós. Fue allí cuando decidí luchar para poder traer a mi madre a mi lado. No quiero perderla. Mi sueño y deseo es tenerla a mi lado”, relata Oswaldo. En su fotografía se ve al autor sentado en la cama junto a la ventana: unos globos detrás dicen “Te amo”.
Oswaldo es uno de los 19 participantes de nacionalidad venezolana que conforman la exposición fotográfica del taller Historias Que Migran, que se exhibirá en La Paz en Casa Prado 1615 (El Prado) hasta el 30 de junio y en Santa Cruz, en Manzana 1, hasta el 30 de agosto.
Este taller de fotografía se ha realizado dentro del marco de A Través de Mis Ojos, proyecto social-cultural que pretende ser una plataforma que busca la reflexión grupal a través del método de la fotografía participativa, explica Carolina Moyano, una de las coordinadoras de esta iniciativa. Se trata de ofrecer un espacio para que grupos vulnerables puedan expresar y representar su realidad al mundo exterior a través de la imagen.

En el taller se trabajó con migrantes venezolanos situados en La Paz y Santa Cruz. Estos construyeron y comunicaron sus vivencias a través de fotografías tomadas por ellos mismos con un celular. Se realizaron dos capacitaciones, una teórica y la otra práctica, en las que los participantes recibieron conocimientos sobre cómo tomar fotografías que cuenten historias. En estas imágenes, ellos se representaron hacia el mundo exterior desde sus vivencias en esta fase de su vida como migrantes, como personas que se desplazan hacia diferentes territorios en la búsqueda de mejores condiciones de vida.
“Después de tantos días duros en un semáforo vendiendo golosinas logré volver a hacer lo que me gusta, trabajar para la belleza”, expresa Milagros en una imagen. “Esa foto me hace recordar muchas cosas. Me hace recordar cuando salí de Venezuela, cuando nos sentábamos a tomar el café juntos y los diciembres cuando nos reuníamos. El día que me vine a Bolivia todos vinieron a despedirse”, comenta Micaela mostrando una tom,a familiar en un celular. “Todo valió la pena, cada lágrima, cada esfuerzo. Y así, cuatro años después ya tengo un horno industrial, mi emprendimiento es reconocido por venezolanos y espero que llegue a más bolivianos”, se ufana Naylmary en una imagen en que trabajauna masa.

La exposición enseña los resultados del trabajo que realizaron estos migrantes en La Paz y Santa Cruz, tanto de exploración como también de exteriorización. A través de sus fotografías reflejaron un pedazo de su historia como seres humanos resilientes y luchadores en busca de oportunidades para una vida digna.
Las capacitaciones estuvieron a cargo de Lesly Moyano y Álvaro Gumucio, con la dirección del fotoperiodista Patricio Crooker. La edición y curaduría de los ensayos la hizo Crooker, con el apoyo de Moyano y Gumucio. La coordinación general del proyecto fue responsabilidad de Anahí Aguilar y Carolina Moyano.
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“Extraño todo y a la vez agradezco todo lo aprendido. Soy feliz, ¿sabes? Migrar es aprender”, concluye Ximena en una imagen en que está sentada en una gradas.
El Proyecto se realizó con el apoyo de la Embajada de Estados Unidos de América, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la Fundación Equipo Solidario, la organización Solidaridad Activa Bolivia y la Casa de Acogida Cardenal Julio Terraza.
Texto: Miguel vargas
Fotos: taller Historias Que Migran







