DIBUJO LIBRE
Un 17 de julio de 1980 en nuestro país se inauguraba, vía golpe de Estado militar y paramilitar, el régimen de terror del penúltimo presidente de facto, Luis García Meza. De la mano de paramilitares entrenados por el criminal de guerra alemán Klaus Barbie y dirigidos por Luis Arce Gómez se gestó la ruptura del orden constitucional y deposición de Lydia Gueiler Tejada; todo bajo la excusa del desconocimiento de las elecciones que se habían realizado ese mismo año y que habían tenido como resultado la victoria electoral de Hernán Siles Suazo.
Hasta el 10 de octubre de 1982 fueron 18 años de gobiernos de facto vía golpes de Estado caracterizados por el protagonismo militar, pero a la misma vez el protagonismo de la Iglesia Católica. La penúltima dictadura, la de Luis García Meza, logró aferrarse de su ilegal e ilegitimo poder imponiendo el mas cruento terrorismo de Estado que cobró las vidas de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Carlos Flores Bedregal, Gualberto Vega Yapura entre muchos otros asesinados, desaparecidos, detenidos, encarcelados y exiliados.
Los golpes de Estado clásicos se caracterizaron por el cierre del Congreso Nacional, toma militar del poder ejecutivo, supeditación del poder judicial a la voluntad del dictador de turno, represión militar – policial – paramilitar conjunta, abierta y evidente; además de violaciones sistemáticas a los derechos humanos fundamentales, derechos civiles y políticos desde el aparato represivo estatal, pero también desde aparatos clandestinos paramilitares que operaban al margen de toda ley, pero con la venia del gobierno dictatorial. Generalmente los medios masivos de información se alineaban con las disposiciones del régimen militar, de lo contrario eran cerrados. A nivel internacional también existía una justificación de orden geopolítico: la defensa contra el avance del comunismo.
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El penúltimo dictador Luis García Meza heredó muchos de sus dispositivos estratégicos – tácticos de represión y control del país a la última dictadora de Bolivia, Jeanine Añez. Al igual que en 1980, el 2019 también se realizaron elecciones libres y democráticas en Bolivia. De la misma forma que los adeptos y seguidores de la Junta Militar que tomó el poder vía Golpe de Estado en 1980, también el 2019 los denominados pititas, policías amotinados, militares y grupos violentos de características paramilitares como la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) y la Resistencia Juvenil Cochala (RJC) argumentaron el desconocimiento al resultado electoral que le daba la victoria a Evo Morales Ayma. Como en 1980, la Iglesia Católica, tuvo el 2019 una participación de orden primario la composición y en las decisiones más importantes del gobierno ilegal, inconstitucional e ilegitimo; pero además también amplia participación para reconocerlo y legitimarlo hasta el día de hoy.
Los aparatos represivos oficiales del Estado como también los extra oficiales (paramilitares) tanto en 1980-1982 como en 2019-2020 fueron prácticamente calcados: represión policial y militar con la venia del Órgano Ejecutivo de manera oficial (Sacaba, Senkata) y represión paramilitar de la mano de UJC y RJC de manera extraoficial, sin sanción ni persecución penal alguna por parte del Estado. La supeditación a los designios de la Junta Militar por parte del poder judicial en 1980-1982 fue evidente y comprobada; en 2019-2020 tanto jueces como principalmente la Fiscalía General del Estado se “cuadraron” (en jerga militar) con el régimen de Añez para operar múltiples persecuciones judiciales.
El Congreso en 1980 fue cerrado, el 2019 el régimen de Jeanine Añez y sus acólitos tuvieron la innovación – “evolución” de no cerrar la Asamblea Legislativa Plurinacional. Con el propósito de disimilar la ruptura del orden constitucional y flagrante ilegalidad que estaban perpetrando. Durante el penúltimo régimen de facto de Luis García Meza desde 1980 a 1982 justificaron su accionar ante la comunidad internacional con la excusa ampliamente mediatizada y maginificada de ”elecciones fraudulentas” y “lucha contra el comunismo”, esos relatos instaurados en el sentido común de la gente vía bombardeos mediáticos sistemáticos justificaron ese régimen militar de facto. El 2019 la confluencia de fuerzas neoconservadoras e intereses internos y externos que añoraban la vuelta al viejo Estado Republicano servil a los intereses de la geopolítica de dominación imperial norteamericana y los condicionamientos económicos europeos justificaron la subversión del orden constitucional con el relato de “mega fraude monumental”, hasta la fecha jamás comprobado. Relato que fue construido artificialmente incluso muchos meses antes a la realización de las elecciones.
Todos estos elementos nos permiten analizar en perspectiva cualitativa las similitudes discursivas, estratégicas y tácticas del penúltimo régimen de facto del país con Luis García Meza y su evolución hasta el ultimo régimen de facto, el de Jeanine Añez.
(*)Gabriel Villalba Pérez es abogado y analista político






