En España, donde el verano mueve a millones a viajar, se vive una agresiva campaña de prevención de accidentes de tráfico. La preocupación es enorme, pues son demasiadas las personas que mueren en este tipo de sucesos. En lo que va del año, fallecieron ya 380, cifra que, sin embargo, es menor en 167 respecto de similar periodo del 2009.
La Televisión Española se ha lanzado con spots en los que se dramatiza el cómo se recibe la noticia de un accidente mortal: una llamada telefónica, una voz que pregunta por detalles del automóvil, el reconocimiento y el llanto desesperado e impotente ya. Lo que se busca con estos mensajes es sensibilizar a las personas, a los ciudadanos, para que extremen los cuidados, respeten las reglas, tengan los cinco sentidos puestos en la conducción.
Cierto que la llamada operación salida de verano empezó ayer con un accidente y una persona fallecida. Pero, esto sólo estimula a insistir con la campaña centrada en el ciudadano.
En Bolivia hay mucho que trabajar en este sentido: convencer a la gente, al individuo, sobre sus obligaciones y sus derechos. En ello hay que insistir. Por ejemplo, mientras el usuario del servicio público no se percate de lo que debe o no hacer, de lo que puede o no exigir, los choferes pensarán que les hacen un favor al transportarlos como sea.






