Ya lo hizo notar la Unesco a fines del 2009: el Cerro Rico de Potosí, Patrimonio de la Humanidad, está en peligro. Los hundimientos registrados en la montaña a causa de las constantes perforaciones mineras podrían deformar su estructura cónica.
Para contrarrestar esto se han tomado varias medidas, de muy distintas características: la ministra Zulma Yugar advirtió en abril sobre la posibilidad de que la Unesco considere a la montaña como «patrimonio cultural en riesgo», abriendo la opción de recibir apoyo técnico de dicha entidad mundial. Los artistas potosinos grabaron una canción y un videoclip para concientizar a la población sobre este problema. También ha tomado acciones y se encarga de la fiscalización el Comité Cívico de Potosí.
De todos modos, un retraso en la entrega del estudio geotécnico que el Ministerio de Minería realiza desde principios de año en el Cerro Rico —que debía estar listo en mayo y se anuncia su finalización en septiembre— impide que se realicen las acciones de preservación.
La falta de financiamiento, como no es de extrañar, ha sido el impedimento para que el estudio se realice en los plazos establecidos. La pregunta surge inmediatamente: en medio de discursos y posturas que proclaman el valor que tiene nuestra cultura. ¿Tan poco prioritario resulta nuestro patrimonio?






