De tanto convivir en calles regadas de basura, de tener que eludir el olor nauseabundo de las aguas servidas, de soportar el caos vehicular… de tanto ser parte de todo eso cotidianamente, el infierno que es la Ceja de El Alto parece, para quienes la transitan, lo normal. Las personas parecen pensar que no hay otra forma de estar. Y éste es el problema mayor, pues si repararan, por un momento, en que todo ello es un insulto, probablemente protestarían, marcharían, harían huelgas.
Tal conformismo se respira en torno, sobre todo, a la calle 1, que todo se desenvuelve allí sin asomo de indignación. De hecho, los comerciantes que aportan con lo suyo al desorden y la mugre, creen que así nomás son las cosas. Así que venden, a pasos de los mingitorios callejeros y de basurales, comida y bebida. «No tenemos más remedio que echar la basura en la esquina para que los de la empresa de aseo la recojan en la mañana», argumenta una juguera para justificar el hecho de que a diario acumula desechos para dejarlos por ahí.
Los políticos y dirigentes sindicales que se disputan la Alcaldía en cada elección o sin ella, tienen la obligación de dar respuestas cuanto antes. De lo contrario, el hábito será más y más fuerte, por tanto, difícil de modificar.






