La Paz sufre, como pasa estos días, por la intensidad de los rayos solares. Advierte el Laboratorio de Física, que este mes del año es especialmente de cuidado debido a los rayos ultravioleta que se presentan con todo su rigor, pues no sólo es la acción del sol, sino de las nubes que actúan como amplificadoras, como lupas, lo que hace difícil la vida de los habitantes de estas alturas.
Pese a ello, pese al trabajo informativo que se esmera en ofrecer el laboratorio que depende de la Universidad Mayor de San Andrés, los paceños insisten en desafiar al sol. Salvo excepciones, no existe la costumbre de llevar un sombrero capaz de proteger las áreas sensibles de la piel. Tampoco se recurre a las gafas oscuras: si se las usa, por lo general son aquellas inapropiadas que se consigue en las calles, a precios económicos, que más que proteger, perjudican. Y si así pasa con los adultos que caminan despreocupados, los niños están mucho más expuestos.
La población tiene que asumir, con la seriedad que el caso aconseja, que es un peligro estar bajo el sol más de 10 minutos en el caso de La Paz y otros puntos del altiplano. Los establecimientos educativos podrían exigir que los alumnos acudan con un sombrero de ala ancha. El tema no tiene nada de baladí si se revisan los casos de cáncer de piel que se disparan en el mundo, en gran parte por la falta de previsión.






