El derrame de lodos de aluminio causante, a inicios de octubre, de la mayor catástrofe ecológica en la historia de Hungría puso en guardia a toda Europa, pues el torrente tóxico tiñó de rojo al río Danubio. Con saldo de nueve personas muertas y 150 heridas, el manto de barro desató la alarma en media docena de países que comparten la cuenca del segundo río más largo de Europa, después del Volga.
La riada contaminante puso en pie de guerra a gobiernos y organismos que siguieron atentos el empuje del fango que por varias horas cambió el color del Danubio Azul de Johann Strauss.
El vertido en el oeste húngaro de un millón de metros cúbicos de residuos de metales pesados con severo efecto cáustico fue considerado un desastre medioambiental cuya magnitud aún se evalúa. La Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud enviaron expertos que determinan el impacto en las personas de la exposición al polvo, el agua y los alimentos en las áreas afectadas.
El asesoramiento para evitar incidentes similares y la descontaminación de las zonas urbanas y agrícolas inundadas por el barro rojo cuentan entre las prioridades. La fuga, que golpeó a cuatro poblados y alcanzó las aguas del Danubio, aconteció tras la rotura de un dique de residuos en la fábrica de Ajka.






