«La canción es un formato privilegio, que contacta con lo más profundo de las personas». Algo serio y amante de la música en todas sus vertientes, Pedro Aznar habló sobre la esencia de las canciones, el folklore andino y la situación del rock argentino.
El artista que formó parte de la mítica banda Serú Girán (con Charlie García y David Lebón) y del grupo del guitarrista estadounidense Pat Metheny, replicará esta noche, en el hotel Radisson, el concierto que dio ayer en el Teatro Municipal. Basado en su disco Quebrado vivo, Aznar adelantará un fragmento de otro recital más íntimo, en que actúa acompañado sólo por un instrumento, retratando el momento mágico en que surgen las canciones.
«La poesía es fundamental en una canción. Ésta es una fusión exquisita y perfecta, cuando lo es, de música y poesía. Ninguna de las cosas puede ir en desmedro de la otra; las dos tienen que ir de la mano. Hay muchos que tienen poca inventiva, tanto en la letra como en la música; pero hay tremendos autores de canciones, los sigue habiendo y los seguirá habiendo».
La canción «es un formato privilegio que contacta con lo más profundo de las personas y comunica no sólo la belleza musical, sino la poética. Se requiere de un gran poeta para escribir una gran canción. No es cualquier poesía; además de una buena poesía, funciona perfectamente con la música. No cualquiera puede hacerlo. Vinicius de Moraes decía que lo mejor que le puede pasar a un poeta es estar cerca del pueblo».
Folklore. Habiendo investigado mucho en la música latinoamericana, antes de hablar de sonoridades bolivianas en su trabajo, el músico prefiere hablar de la influencia andina. «En lo que yo hago hay una presencia muy fuerte de la música andina, que toca a Perú, Chile, Argentina y Bolivia. Viene de tradiciones anteriores a la creación de esos países. Las enseñanzas de cada lugar han quedado tremendamente impregnadas en mí, en mi manera de cantar, la han cambiado; no sólo esa música, sino toda la música».
Aznar es consciente de que su paso por Serú Girán ha marcado un hito en el rock argentino, al que mira críticamente. «Creo que, en particular en la Argentina, el movimiento de rock se ha quedado un poco dormido en sus laureles. Es un movimiento que ha tenido tremendos logros en las décadas del 60, 70 y 80. Después entró en una especie de marasmo, se quedó dando vueltas alrededor de una realidad social dura de los años 90 y no ha terminado de salir. Es lo que se le dio a llamar en Argentina el ‘rock chabón’, la música que representaba a los chicos jóvenes que no tenían un lugar en la sociedad y que estaban marginados. Esa no es la única realidad que se puede musicalizar. La vida es inmensa y hay muchas otras cosas que se pueden decir. Y creo que ese es el gran fuerte que tuvo el rock argentino en las décadas anteriores: fue tremendamente abarcativo. Fue una música que no solamente tocó el espectro social y político, sino que habló absolutamente de todo. Es hora de que el rock vuelva a encontrar ese camino que perdió alguna vez».
En cambio, el músico reconoció el gran momento que viven las distintas vertientes de la música popular en su país. «Hay otros rubros que han tomado tremenda fuerza, como el tango. Hay una gran renovación, no solamente por el lado del tango electrónico, sino que hay muchos jóvenes que están haciendo tango de una manera creativa, fresca. Hay una especie de ‘post piazzolismo’ que tardó mucho tiempo en llegar, porque él fue una influencia muy poderosa. Ahora el tango empezó a encontrarle la vuelta. En el folklore también hay una fuerte renovación. Y el jazz es excelente, creo que es su mejor momento».
Proyectos. Con el éxito de su participación en Serú Girán y la colaboración con Pat Metheny, fue inevitable preguntar por qué abandonó esos dos proyectos en su mayor apogeo. «La respuesta automática y trillada es que las cosas cumplen un ciclo. Y es así. Con Serú Girán pasó que, si bien cuatro años es un tiempo relativamente corto, en ese lapso el grupo ha tenido una carrera fulgurante. Fue como un cometa que brilló mucho y se extinguió muy rápido. Se extinguió. Tal vez podríamos haber continuado con el grupo y cada uno haber hecho sus trabajos solos, como muchos grupos. Lamentablemente no salió así por una serie de circunstancias. Y con el grupo de Metheny, ha sido un gran honor el ser parte de ese proyecto, pero es de Pat. Y yo necesitaba hacer lo mío».
Finalmente, ante la constante mención despectiva del reggaeton en las preguntas y a la función de los medios en la difusión de música, a Aznar le pareció errada la concepción de sólo dar «lo que la gente quiere. Se subestima al público, se sobreentiende, se da por sentado que la gente quiere lo más fácil, lo que menos cambie el statu quo. Me parece que una oferta amplia y variada es fundamental para que la cultura de un país sea fuerte, que elija uno lo que más le apetezca. Yo no estoy en contra del reggaeton, creo que hay adentro gente interesante, letristas, gente que me parece valiosa. Pero si hay una oferta única y limitada de cosas, todos nos vemos perjudicados, sea rock o sea reggaeton», concluye.
Una vida repleta de música
Inicios
Nació el 23 de julio de 1959, en el barrio porteño de Liniers. A los nueve años recibió su primera clase de guitarra. A los 15 años fue bajista de Madre Atómica.
Carrera
En 1978 formó parte del grupo Serú Girán con García, Lebón y Moro. En 1982, fue a estudiar música a Berklee, EEUU. El guitarrista Pat Metheny lo invitó a ser parte de su grupo. Ahora lleva una exitosa carrera de solista.






