En la víspera de las elecciones que hoy definirán quién será el nuevo presidente de Brasil, la oficialista Dilma Rousseff y el opositor José Serra cerraron ayer sus campañas derrochando confianza y cantando victoria antes de tiempo.
Ambos candidatos escogieron para su último contacto directo con los electores la ciudad de Belho Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, que con 14,5 millones de votantes es el segundo colegio electoral del país, tras la región de Sao Paulo, un tradicional fortín de Serra.
Jornada. Así como coincidieron en Belho Horizonte, también lo hicieron en la forma en que clausuraron sus campañas, ambos a la cabeza de sendas caravanas de vehículos que, sin cruzarse, transitaron y movilizaron a miles de partidarios.
«Me comprometo a gobernar para todos» y «sin ningún rencor», dijo Rousseff, candidata del Partido de los Trabajadores (PT), en alusión a la virulencia que por momentos alcanzó el debate con el abanderado del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).
Serra insistió en que «la verdadera encuesta será en las urnas» y pidió a sus seguidores continuar en campaña hasta hoy para conseguir «un voto más». Criticó la omnipresencia del presidente saliente Luiz Inacio Lula da Silva en toda la campaña de Rousseff y recordó que «quien gobernará Brasil será el que gane mañana y no quien se inventó una candidata».






