Al reforzar los vínculos con su homólogo Ahmadineyad, a su paso por Teherán, el Presidente de los bolivianos selló la suerte de una buena parte del proceso de industrialización del litio, cuyas reservas, concentradas en el Salar de Uyuni, son las más grandes del planeta junto con las de Argentina y Chile, al margen de las descubiertas este año en Afganistán.
Los pasos iniciales rumbo a la industrialización se desarrollarán, según las primeras explicaciones ofrecidas por las autoridades nacionales, sólo con el impulso estatal. Es decir que el Gobierno no cree necesario, por lo menos en esta etapa, apelar a la experiencia de otros países. En Uyuni se construye una planta piloto de carbonato de litio; el objetivo es industrializar este metal hasta lograr la fabricación de baterías para vehículos eléctricos.
Bolivia, por los convenios suscritos entre Morales y Ahmadineyad, se beneficiará con una línea de crédito de 200 millones de euros, y también recibirá cooperación industrial y transferencia tecnológica. Específicamente con relación al litio, tras una serie de confusas declaraciones, más o menos queda claro que Bolivia aportará a la sociedad con la materia prima, en tanto que Irán participará con la tecnología y con la formación de profesionales.
Horas antes de que se concretara este acuerdo, Francia había expresado su decepción por la idea boliviana de prescindir de socios extranjeros para la fase de producción industrial de carbonato de litio. El último año, más países demostraron similar interés en compartir esta responsabilidad. La ayuda de capitales foráneos podría llegar más adelante.
Para evitar errores que pueden costar caro y poner un freno al despegue de este megaproyecto, se debe actuar con responsabilidad y medir los pasos con cautela, haciendo alianza con los países y empresas más aptos y experimentados. El vicepresidente García, en una decisión prudente, dejó abierta esta posibilidad.
El afianzamiento de los lazos bilaterales con Irán sirve para avanzar en aspectos importantes de las relaciones comerciales y para facilitar el intercambio de visitantes entre ambos países. Que esto, sin embargo, no valga para soslayar el lado social. El gobierno de Morales está a tiempo de salvaguardar la ética nacional sumándose a las censuras contra el régimen de Ahmadineyad por las constantes violaciones a los derechos humanos de los iraníes. Porque el del litio y otros negocios no pueden hacer que se pierda de vista dramas como el de las mujeres sentenciadas a muerte, como Shakine M. Ashtiani.






