El Ministerio de Gobierno anunció ayer que practicará auditorías a las empresas de seguridad privadas, tras confirmarse que el guardia que atracó a un joven dentro de un cajero automático la madrugada del lunes en La Paz, pertenece a la empresa de seguridad y vigilancia Santa Fe.
Rodrigo R.M. permanece en celdas de la Corte Superior de Justicia y espera su audiencia de medidas cautelares por el delito de robo agravado. La madrugada del miércoles fue aprehendido por efectivos del Organismo Operativo de Tránsito y luego conducido a celdas de la Fuerza anticrimen (FELCC).
El director de esa unidad, coronel Rosalío Álvarez, informó que se evidenció que el guardia cumplía funciones en la empresa Santa Fe, cuya oficina principal está ubicada en el centro comercial Illampu, sobre la calle del mismo nombre. La Razón acudió en busca de la contraparte, pero las puertas estaban con candado.
«Se lo sorprendió en flagrancia cuando despojaba a un joven de todas sus pertenencias», indicó el jefe policial. Tras dejarlo completamente desnudo, intentó escapar pero fue arrestado. El hecho llamó la atención al ministro de Gobierno, Sacha Llorenti, quien ayer anunció una evaluación estricta de las empresas que brindan seguridad en barrios y entidades.
«Vamos a hacer una auditoría de todas estas empresas de seguridad para que haya una regularización en su funcionamiento».
Añadió que luego de la auditoría, aquellas firmas que no cumplan con los requisitos de funcionamiento serán cerradas, porque «estarían poniendo en riesgo a la ciudadanía». Álvarez señaló que la Policía investiga si Rodrigo R.M. estaba designado por su empresa para vigilar la avenida Mariscal Santa Cruz, donde fue sorprendido atracando a su víctima. «En su declaración, él no mencionó dónde le correspondía cumplir sus funciones de guardia», indicó.
El detenido no tenía uniforme
Las primeras pesquisas policiales indican que al momento de ser aprehendido, Rodrigo R.M. no llevaba ninguna insignia de la empresa a la que pertenece. Sólo vestía una chamarra negra y una gorra cuya leyenda era «seguridad». R.M. ingresó al cajero automático donde dormía un joven (28), a quien le obligó a desvestirse por completo y entregarle todas sus pertenencias.






