Pasados los años de la guerra fría, el temor a un ataque nuclear no viene ya tanto de otros países, sino de que algún grupo terrorista se haga con una bomba atómica para detonarla en el centro de una gran ciudad.
Ante esta posibilidad, el Gobierno de EEUU se ha visto obligado a revisar su estrategia, con una conclusión sorprendente: lo mejor ante una explosión de este tipo no es seguir el instinto de huir, sino refugiarse en un edificio estable, y no salir hasta que las autoridades declaren que ya es seguro.
«Hay más posibilidades de sobrevivir de lo que la gente cree», asegura un funcionario de la administración estadounidense que participa en la planificación de la respuesta civil a un ataque, citado por The New York Times bajo condición de anonimato.
Análisis científicos muestran que, pese al sentimiento de fatalismo creado por la guerra fría, es mucho más probable salir con vida tras una explosión nuclear si se busca inmediatamente un refugio adecuado. «La clave es evitar la lluvia radiactiva», dice la fuente.
El problema para el gobierno de Barack Obama es cómo transmitir este mensaje a los ciudadanos sin parecer alarmista en un tema que pocos políticos se atreven a discutir en público.






