El realizador danés llegó a La Paz para participar del Encuentro Taller de Documentalistas «De Aquí y de Allá», evento que se celebrará en la Cinemateca hasta el 22 de diciembre. El también periodista presentará dos películas sobre nuestro país: ‘Voces de Bolivia’ y ‘Los migrantes’, films en los que, bajo la línea del documental clásico/humanístico, hace que los protagonistas relaten sus propias historias.
— ¿Cómo fue la elección de Bolivia para sus documentales?
— Había viajado antes por Bolivia. Muchas veces, las casualidades son el motor del documentalista. Se dice siempre que el cineasta de ficción tiene la necesidad interior de expresarse. Con el documentalista, evidentemente hay necesidad de expresarse, pero el tema depende muchas veces de la casualidad. En Azurduy casi no había influencia del extranjero, pero sí un proyecto pequeño de estudiantes de mi país. Oí hablar de este proyecto y me fascinó el lado cultural. Yo lo vi un poco como Tierra sin pan, de Buñuel. Fui primero con un fotógrafo e hicimos reportajes periodísticos. Poco a poco reuní el financiamiento y el equipo. Filmamos en súper 16.
— En esa época, el cine Dogma se implementó en su país.
— Íbamos con lo opuesto a la tendencia del cine en mi país. El cine Dogma acababa de nacer, pero nosotros escogimos venir con trípode, cámara grande, imágenes fijas, música… No aceptamos en ese momento el cinturón de castidad de Lars Von Trier. Como documentalista no debes venir con un concepto estético preconcebido; más bien debes escoger algo relacionado con el tema y el lugar que estás retratando. Las montañas, esos rostros que parecían esculpidos y mucho pudor. Yo quería respetar ese pudor, así que preferimos trabajar en escenas fijas muy estéticas, pues eso refleja el espíritu del lugar, de la gente que tiene desconfianza de los que vienen, con planos abiertos y lejanos.
— ¿Cuál fue la postura de los habitantes de Azurduy?
— Para ellos era algo amenazante, como la segunda invasión desde los conquistadores. Había rumores de que queríamos robarles sus tierras. Yo entiendo, la gente no ha tenido experiencias muy felices con los que venían de afuera.
— ¿Qué recepción tuvo su filme en Dinamarca?
— Hubo una buena recepción, un diario nacional le puso cinco estrellas. Lo mostré durante nueve semanas en tres cines. A los críticos les gustó que se muestre la miseria sin idealizarla, sin romanticismo. No quiero crear víctimas, pero tengo que mostrar que no sólo se puede vivir de la cultura.
— ¿Por qué ha elegido ese estilo de documental?
— Me siento más parte del documental clásico, que se define como el mundo interpretado a través de una visión. Es un género muy humanista, da mucho espacio para que la gente se exprese. Claro, eso es una ilusión, porque al final soy yo el que escoge el tema, las tomas, la edición y la música. Pero, en términos ideales, quiero dar la palabra a la gente. El deber del documentalista es tener humildad y apertura de espíritu. Hace una obra personal, por supuesto, pero es importante lograr que la gente pueda expresar sus sueños y sus pesadillas.
— ¿Por qué Latinoamérica?
— En Europa, Latinoamérica siempre ha sido el otro, el lugar donde hemos proyectado nuestros sueños. Para unos era el oro y la miel, para otros, el buen salvaje o las utopías del espíritu revolucionario de los exiliados. Yo creo que puedo ofrecer una mirada diferente para Latinoamérica y para los daneses. El pasado siempre se reinterpreta a la luz del presente. En Europa hay un aire de autosuficiencia, la gente no se interesa en lo que está afuera. Es un gran peligro, porque la globalización es un hecho y somos interdependientes entre continentes, estamos obligados a interesarnos.
— ¿Cuál es la proyección que tiene el documental hoy?
— Un documental es una gran pregunta. Inicialmente, lo que quiere hacer es ofrecer otras visiones de mundo, pero hoy ha explotado hacia muchos caminos. Antes, ver un documental para los jóvenes era como un castigo. Hoy, para muchos de ellos es de lo más interesante, pues los conecta con el resto del mundo. Ahora la gente quiere imágenes de la realidad.






