Cuando los pequeños Chevrolet se enfangaban en el lodo y la arena del Chaco, las llantas eran encadenadas para avanzar, bajo el fuego de la artillería paraguaya, el soldado y chofer Sotero Quiroz Agudo era el único experto.
Nacido un 22 de abril de 1910 en la ciudad de Oruro, Quiroz cree que vino al mundo sobre cuatro ruedas y al frente de un volante. Antes de que la Guerra del Chaco estalle en 1932 era ayudante de un chofer con quien llegaba hasta las minas de Huanuni. Cuando comenzaron las hostilidades, Sotero no dudó en presentarse y la familia Quiroz envió a la guerra a cuatro de sus hijos.
Hermanos. La historia de los hermanos Quiroz muy bien podría haber sido fuente de inspiración a Steven Spielberg que en 1998 dirigió Buscando al soldado Ryan. Como los Ryan, la familia Quiroz envió a cuatro de sus hijos al frente de batalla ante los paraguayos.
Sotero era el hermano del medio, Ramón era el mayor, Félix le seguía, Sotero estaba después y finalmente Octavio. Si bien los cuatro retornaron con vida, Ramón fue herido en la batalla de «Kilómetro Siete», Octavio falleció poco después de la Guerra, posteriormente Ramón y Félix. Al final sólo quedó Sotero.
«He tenido que enterrar a mis hermanos», suelta con dolor Quiroz, mientras recuerda a sus parientes con quienes fue al Chaco.
Sus ojos pequeños se mueven inquietos, habla moviendo la mano derecha e intenta volver al pasado, a ese 1932 cuando se presentó. «Estuve en el Regimiento Sucre II de Infantería y yo manejaba un Chevrolet. Ahí llevábamos munición, agua y alimentos al regimiento».
El general de brigada e historiador militar, Edwin de la Fuente, se refirió a la importancia que tuvo el transporte durante el conflicto bélico con los guaraníes. «El transporte formaba parte de la cobertura logística y táctica, porque muchos de ellos llegaban incluso hasta el frente, mientras que otros operaban desde atrás».
El sistema de transporte no sólo asistía con vituallas a los centenares de soldados, también evacuaba a los heridos e incluso llevaba a los prisioneros paraguayos hasta los cuarteles de la tropa boliviana.
Bomba. En muchas oportunidades no sólo había que luchar ante el lodo y la arena del Chaco, también ante las bombas de la artillería enemiga. Los pequeños convoyes de Chevrolet debían burlar además a la inteligencia paraguaya para no ser blanco de las bombas.
Una de esas tardes calurosas, el coche de Sotero avanzaba, cuando la artillería rival atacó. «Ibamos a lo que más podíamos y de pronto una bomba cayó a unos metros nada más del coche, si nos daba estaban muertos todos», asegura el benemérito.
Nadie dormía en el Chaco. Mientras los soldados hacían vigilia toda la noche, los camiones aprovechan la oscuridad para ir por las provisiones. «Manejábamos sin dormir y teníamos que ir incluso hasta el río Pilcomayo para traer agua».
En otros momentos, tuvieron también que evacuar a los heridos. Sobre este punto, el historiador de la Fuente apunta que en la «Retirada de Ticuiba», el transporte jugó un papel vital. «Se habían movilizado miles de personas y en eso el transporte debía socorrer con agua, medicinas y alimentos a los heridos».
Sotero aceleraba el coche, pero el kilometraje no cruzaba la barrera de los 20 kilómetros por hora. «Debíamos correr, porque muchos se estaban desangrando». El pequeño Chevrolet debía transitar como un todo terreno para llegar a los centros sanitarios a fin que los heridos reciban la ayuda de los médicos.
Cuando veía a los paraguayos cerca daba el parte y si era necesario también empuñaba el fusil y dejaba por un momento el volante. A poco de terminar la entrevista, habla con emoción del teniente coronel Germán Busch y sus cuatreros. «Ese beniano era bien macho, el iba delante de su caballería, porque conocía esos campos, que seguro era similares a los de Beni».
Le encantaría volver a Palca, donde trabajó para una mina de los Franulic, pero lo que más desea es desfilar otra vez en el Colegio Militar el próximo 6 de agosto del 2011 cuando cumpla 101 años de vida. Poco quizás para un centenario como él.
Sobre el alemán Hans Kundt
El benemérito Sotero Quiroz Agudo cree que el alemán Hans Kundt que comandó el ejército boliviano durante el primer año en la Guerra del Chaco fue traicionado por algunos oficiales bolivianos. A sus 100 años lo que más le gusta es oír música boliviana y en particular el huayño «La pocoateña», mientras que en su habitación no faltan los diarios nacionales.
Héroes guerreros de más de un siglo
Familia
Josefina, la esposa de Sotero
Sotero Quiroz Agudo tiene seis hijos, nueve nietos y cinco bisnietos, su esposa se llama Josefina Aguirre Quiroz. Gran parte de la familia vive en la zona Villa Salomé, La Paz.
Recuerdo
Pérez Alcalá hizo un cuadro
El reconocido artista plástico Ricardo Pérez Alcalá le hizo un cuadro a Quiroz Agudo. El benemérito de la guerra mantiene una copia pequeña de esa obra.
Migrante
Las salteñas de ‘Josefina’
Sotero y su esposa Josefina, junto a sus hijos, vivieron entre 1984 y 1996 en México, donde Josefina elaboraba humintas y salteñas muy preciadas por los mexicanos.






