Otra vez la Policía sube a la palestra. Sólo en el 2010, 480 miembros del orden fueron dados de baja por hechos de corrupción, extorsión y deserción. Recientemente, el teniente coronel Édgar Alberto G.R. engrosó las filas de este selecto grupo, al ser sorprendido en El Alto extorsionando a una pareja que supuestamente llevaba precursores para la fabricación de droga. Se presume que fueron 6 mil dólares los exigidos a cambio de su libertad. El cargo del Teniente Coronel, director de la Policía en la localidad fronteriza de Copacabana, agrava el delito, pues se trata de una posición clave en la lucha contra el narcotráfico y el contrabando.
Por el número creciente de casos de corrupción entre miembros de la institución verde olivo, el tema está pasando de gris a oscuro. En la gestión anterior, salieron a la luz varios episodios de agentes que lideraron peligrosas bandas delictivas, vinculadas con el narcotráfico y robos agravados. La Policía existe y se nutre gracias al trabajo de todos los bolivianos que pagan impuestos. Lo mínimo que se puede esperar de la institución responsable de precautelar la seguridad nacional es el respeto hacia las leyes; de lo contrario, su razón de ser carece de sentido. Los policías deben comprender la importancia de su labor, pero ligada siempre con una conducta intachable.






