Sorprende sobremanera el estado en que se encuentran algunos de los establecimientos educativos: parece como si por ellos hubiese pasado un ciclón. Baterías de baño rotas, pupitres descuajeringados, vidrios destrozados, puertas casi arrancadas de cuajo… Dicen las autoridades municipales que el año pasado estas escuelas fueron entregadas reparadas.
Por supuesto que hay daños más estructurales: techos con goteras, patios destrozados, etc. Pero, lo de los pupitres, vidrios y otros (añádase el tema de las paredes descascaradas o pintarrajeadas) seguramente tienen mucho que ver con quienes ocupan las aulas: los alumnos.
El alcalde de La Paz, Luis Revilla, dijo el fin de semana que los padres bien harían en educar a sus hijos sobre el cuidado que merece la escuela. Si así sucediese, el desastre a fin de año sería mucho menor. Y, por otro lado, tampoco estaría demás que los directores, maestros, porteros y regentes cuidasen mejor de la infraestructura.
Tal parece que simplemente se contempla cómo un establecimiento recién pintado y/o reparado va pasando a la condición de desastre en un solo año. Es cierto que las autoridades deben velar por el buen estado de las escuelas; pero no lo es menos que los responsables de cuidarlas son quienes las usan. Esto es parte de la buena educación.






