El presidente egipcio Hosni Mubarak dimitió ayer y entregó el poder al ejército de su país, al término de 18 días de una rebelión popular, provocando una inmediata explosión de júbilo en la calles de El Cairo y otras ciudades, y reacciones de satisfacción de la comunidad internacional.
«Habida cuenta de las difíciles condiciones que atraviesa el país, el presidente Mohamed Hosni Mubarak decidió abandonar el puesto de presidente de la República y encargó al consejo supremo de las Fuerzas Armadas administrar los asuntos del país», anunció el vicepresidente Omar Suleimán en una breve intervención televisada que duró 30 segundos y comenzó y terminó encomendándose a Dios.
Gritos por toda la plaza, manifestaciones de alegría, cánticos y el agitar de banderas son las notas predominantes en la plaza, epicentro de las protestas públicas contra el régimen de Mubarak, quien ha estado en el poder desde 1981.
«¡El pueblo ha hecho caer al régimen!», gritaba una multitud en la emblemática plaza Tahrir (de la Liberación) convertida en símbolo del movimiento de protesta iniciado el 25 de enero contra Mubarak, de 82 años, que llevaba tres décadas en el poder.
Mubarak, quien el jueves había delegado sus poderes al vicepresidente, había partido con toda su familia a Sharm el Sheij, ciudad a orillas del mar Rojo, antes de que se anunciase su dimisión.
Detalles. Cientos de miles de manifestantes participaban en una multitudinaria protesta, bautizada inicialmente como Viernes de la Cólera, que reunió a más de un millón de personas en todo el país. La manifestación había sido convocada luego de que el jueves Mubarak anunció que no renunciaría; sin embargo, la indignación pasó a la celebración.
«El pueblo y el Ejército son uno», han sido algunos de los gritos de libertad más coreados contra un Presidente que se había aferrado al poder pese al clamor de la calle.
La euforia se repitió por todo el país. Los egipcios llenaron las calles celebrando la noticia. Algunos lloraban, se abrazaban, agitaban banderas, bailaban en corros… Ciudadanos de todas las clases, musulmanes y cristianos, liberales e islamistas —todos ellos, unidos por dos semanas de protestas— se sumaron a la fiesta callejera.
El Cairo, Alejandría y otras ciudades estaban llenas de coches tocando las bocinas y con sus ocupantes agitando banderas. «Hurra por Egipto», gritan, informa El Mundo.
La plaza fue, desde primera hora, un mar de banderas egipcias y de egipcios de todo el país que reclamaban la caída de Mubarak, informa El País A lo largo de todo el día, no pararon de llegar personas y todas aseguraron, emocionadas, que no se pensaban ir de allí, que la dimisión era sólo una de sus demandas.
En el Parlamento quedaba un grupo de personas que dijo que tampoco se movería. El hospital de campaña que se había montado en la plaza para atender a los heridos en los días de enfrentamientos atendió ayer sobre todo desmayos y desvanecimientos a causa de la emoción y del agobio por tanta gente.
Algunos soldados asistían impasibles a las celebraciones, aunque la mayoría participó de un modo cómplice con la multitud. Muchos no pudieron reprimir la sonrisa y acabaron haciendo el signo de la victoria. Otros se abrazaron a la gente y alguno incluso gritó «felicidades» a la gente.
Reacciones. «Felicitaciones Egipto, el criminal se fue del palacio», afirmó en Twitter Wael Ghonim, directivo de la multinacional Google y uno de los jóvenes blogueros egipcios que iniciaron esta revolución, convertido en héroe tras pasar 12 días detenido por los servicios de seguridad.
Las nuevas generaciones se movilizaron con éxito contra el régimen organizándose gracias a campañas en redes sociales como Twitter y Facebook, según El Mundo.
Los Hermanos Musulmanes, el más articulado de los grupos opositores y que se sumó tarde a las protestas, felicitaron al pueblo y al Ejército. El portavoz de la organización islámica, Mohamed Mursi, pidió a las Fuerzas Armadas que cumplan «con las legítimas aspiraciones del pueblo».
La caída del mandatario fue saludada este viernes por los principales líderes mundiales y festejada en las calles de países árabes. El presidente estadounidense, Barack Obama, afirmó que «el pueblo habló y Egipto ya no será más el mismo» y urgió al ejército egipcio a garantizar la transición hacia una «genuina democracia».
«La voz del pueblo egipcio se escuchó», sentenció el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon y la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, afirmó que el cambio de régimen en el país abre la vía a «reformas más rápidas y profundas».
Egipto, el más poblado de los países árabes (80 millones de habitantes) es también uno de los dos únicos (el otro es Jordania) en reconocer plenamente al Estado hebreo.
También hubo críticas. El portavoz del ministerio iraní de Asuntos Exteriores, Ramin Mehmanparast, afirmó que la decisión de Mubarak supone la derrota de aquellos gobiernos que se someten a los dictados de las grandes potencias, según EFE.
El Mundo informó de que el Consejo Federal suizo determinó bloquear los posibles fondos que Mubarak y su familia pueden tener en bancos de ese país europeo con la finalidad de evitar el riesgo de desvíos de bienes que pertenecen al pueblo.
Una revuelta que deja 300 muertos
La renuncia de Mubarak se produjo gracias a una revolución que estalló el 25 de enero y que ha causado unos 300 muertos y miles de heridos. Todavía hoy están en la cárcel algunos de los miles de personas detenidas por participar en las movilizaciones, según EFE. CNN en español analiza que una de las causas de la molestia popular fue el constante incremento de los alimentos. La plaza de Tahrir (Libertad), la principal de El Cairo, fue el epicentro de la presión en la capital del país árabe.





