Centenares de manifestantes volvieron a ocupar la céntrica plaza Tahrir después de que fueran expulsados el viernes por la fuerza en unos disturbios con la policía militar que las autoridades prometieron no repetir.
Portando carteles y banderas, eran cientos de personas las que se habían instalado en ese lugar, epicentro de las protestas que forzaron el pasado 11 de febrero la renuncia del presidente Hosni Mubarak. «Sentados hasta que caiga el régimen de verdad» y «Que se caiga, que se caiga el régimen» decían dos carteles de los manifestantes concentrados en un círculo de césped que ocupa el centro de la plaza.
Esa concentración forma parte de los intentos por acelerar las reformas tras la renuncia de Mubarak y cambiar el gobierno. Aunque el pasado martes hubo una remodelación gubernamental, la mayoría de los ministros proceden del régimen anterior.
El viernes, decenas de miles de egipcios se juntaron en la plaza Tahrir para exigir esas demandas, y por la noche, varios centenares pretendieron acampar allí. Entonces, la policía militar desalojó a los manifestantes con materiales antidisturbios. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto calificó ayer estos hechos como «roces no intencionados».






