En efecto, el miércoles, el Presidente del Estado entregó personalmente créditos por un total de Bs 140 millones a los pequeños y medianos productores de caña de azúcar de Santa Cruz, que son canalizados a través del Banco de Desarrollo Productivo (BDP), y que buscan específicamente la renovación o ampliación de los cañaverales y la adquisición de maquinaria agrícola. El Mandatario hizo votos para que en el mediano plazo esta iniciativa no sólo se haya traducido en abastecimiento del mercado nacional sino que el país vuelva a ser exportador de azúcar.
Pero además del aporte puntual a la producción de azúcar, está en puertas una ley que, según la explicación del Ministro de la Presidencia, busca que haya mayor producción de alimentos y mejor rendimiento de los cultivos. En este sentido, la norma se enfocará en asegurar mercados para la producción nacional de alimentos e institucionalizar la política estatal de comprar alimentos estratégicos a precios superiores a los del mercado.
Asimismo, la norma favorecería la producción nacional de quinua, a través del establecimiento de una política específica para proveer de tecnología a los cerca de 64.000 productores del cereal andino, que es cada vez más demandado en los mercados internacionales; lo que, por cierto, ha puesto en riesgo su presencia en las mesas nacionales.
Finalmente, entre las estrategias anunciadas para la promoción de la producción nacional de alimentos está el anuncio del Viceministro de Tierras respecto de la posibilidad de revertir a favor del Estado un millón de hectáreas de tierra productiva que hoy están en poder de empresarios extranjeros. Asimismo, anunció que se apuntará a erradicar el uso de las tierras para arrendamiento y como garantía hipotecaria.
No se equivoca el Presidente del Estado cada vez que recuerda la gran oportunidad que se abre para el país, pues el cambio climático, asociado con otros fenómenos propios del capitalismo, ha provocado el inicio de una crisis alimentaria de escala global en la que naciones como la boliviana tienen mucho qué ganar si desarrollan apropiadamente su potencial productivo y se convierten en exportadores de alimentos.
Los primeros pasos en esa dirección están dados, y hay que hacer votos por que la iniciativa sea mejorada y profundizada, pues antes que competir exitosamente en el mercado mundial de alimentos, servirá para garantizar la seguridad alimentaria del país. Y ésa es una tarea prioritaria.






