Las luchas internas en Libia son cada vez más sangrientas, y todo parece indicar que, en el corto plazo, no amainarán. Mientras las tropas de Gadafi recuperan bastiones rebeldes, en Occidente se barajan intervenciones cada vez más contundentes en favor de los insurgentes. Independientemente del resultado de estos enfrentamientos, Gadafi no podrá recuperar legitimidad ante la mirada del mundo ni de su propio pueblo. En este sentido, se puede decir que ya forma parte de la trinidad de dictadores caídos en desgracia, junto con Ben Ali y Mubarak. Pero no estamos sino al principio de una serie de levantamientos que podrían expandirse más allá del mundo árabe.
En un artículo recientemente publicado por este diario, Alain Touraine argumenta que asistimos «al desmoronamiento del mundo que había sido construido y mantenido para el enfrentamiento de norteamericanos y soviéticos», y que el mundo entero se encuentra en el umbral de un nuevo periodo de su historia, determinado ya no por la guerra fría, sino, parcialmente, por la rivalidad económica entre EEUU y China. En este nuevo escenario, agrega el sociólogo francés, los dictadores árabes ya no podrán mantenerse en el poder amparados en su lucha contra el islamismo radical, el islam tampoco puede continuar confiando su porvenir a la violencia y la propaganda antiamericana y antiisraelí, y que ambos sistemas, para sobrevivir, están obligados a dirigir la mirada hacia el bienestar del conjunto de su población. En Bolivia también se pueden percibir algunas de estas implicaciones: los partidos políticos auspiciados por la pugna entre capitalismo y socialismo han desaparecido, y la propaganda antiamericana como herramienta de cohesión interna perdió su eficacia de otras épocas.
No cabe duda de que las necesidades económicas, sociales y medio ambientales de las diferentes sociedades ya no pueden resolverse mediante discursos políticos, ideológicos o religiosos; y que la internet viene promoviendo la formación de un nuevo actor político, susceptible de articularse por medio de las redes sociales sin la necesidad de caudillos, y de mantenerse informado con un criterio propio, más allá de las manipulaciones mediáticas, sean éstas liberales o socialistas.
Por todo ello, cabe suponer que los actuales protagonistas políticos que se muestren incapaces de responder a este nuevo orden comenzarán a desaparecer, tal y como sucedió con los dictadores árabes y los partidos políticos del país.






