Las autoridades de Bahréin decidieron ayer imponer el estado de emergencia en este pequeño reino del golfo para intentar sofocar una serie de protestas políticas que causaron dos muertos y centenares de heridos.
La medida, que estará vigente por tres meses, fue adoptada por el rey de Bahréin, Hamad bin Isa al Jalifa, para hacer frente a los disturbios «que han puesto en peligro los bienes y la vida de los ciudadanos» de este país.
El monarca ordenó al mando de las Fuerzas de Defensa que adopte «las medidas necesarias para aplicar» el decreto de estado de emergencia en el territorio del país, de 760 kilómetros cuadrados. Los militares bareiníes podrán recurrir a las fuerzas de seguridad, a la Guardia Nacional «y a otras fuerzas, si fuera necesario», para aplicar el estado de emergencia que fue aprobado por el monarca.
El decreto, que fue dado a conocer por la agencia oficial BNA, lamenta que los disturbios registrados hayan afectado a la vida y a los bienes de bahreiníes y sostiene que los hospitales se han convertido «en focos de terror e intimidación».






