— Después de conocer las posiciones de ambos gobiernos ¿cree usted que cada administración rema el barco hacia diferentes horizontes?
— La política exterior se define a partir de los intereses de los países que negocian y consigue efectos positivos o innovadores cuando tienen algún rango de coincidencia. En la actualidad, aún no llegamos (que se sepa) a un mínimo rango de coincidencia entre intereses tan estratégicos como son los de nuestras fronteras.
En efecto, hay una contradicción insalvable entre un Chile que se atiene a los tratados limítrofes vigentes y una Bolivia que —según interpretación no desmentida— tiene el mandato constitucional de desconocer unilateralmente el tratado de 1904.
— Ante este panorama, ¿qué es lo más factible en esta negociación bilateral?
— Para poder hablar de factibilidad habría que reconocer que la bilateralidad se mezcla con la trilateralidad. En efecto, la soberanía que pretende Bolivia, con apoyo en su Constitución, cortaría el territorio de Chile o afectaría territorios ex peruanos. A partir de esta realidad, debiéramos reconocer que la vieja aspiración boliviana de llegar al océano a través de Arica no es un tema bilateral, sino trilateral. Conjuntamente, debiéramos relativizar la importancia del factor «soberanía» y hablar, más bien, de accesos marítimos factibles, concretos y útiles.
— Usted dice que la soberanía es relevante en esta coyuntura. ¿Así se podría encaminar una negociación gradual?
— Exactamente, digo que el factor soberanía es relevante sólo para Bolivia.
— Habla de un acuerdo trilateral ¿Perú debería terciar en el tema marítimo?
— En rigor jurídico, Perú debe intervenir sólo si Bolivia pretende acceso soberano al mar por Arica. De esta realidad, con base en el Tratado de 1929, parte mi tesis sobre el «trilateralismo diferenciado». Es decir, la necesidad de un previo acuerdo entre Chile y Perú, para evitarle a Bolivia el fenómeno de la negociación interminable, por cuerdas separadas… y fallidas.
— Evo Morales sugirió a su colega Piñera entregar propuestas antes del 23 de marzo. ¿Cómo se vio esta posición en Chile?
— Primero, en rigor diplomático no se puede cortar lo que —lamentablemente— ya está cortado, esto es, las relaciones entre nuestros países. Segundo, en esta delicada materia, todas las autoridades, chilenas y bolivianas, debieran cuidar sus discursos y —por ejemplo— evitar las bromas de dudosa interpretación. Tercero, respecto al Día del Mar, me atengo a lo expresado públicamente por el canciller Alfredo Moreno, quien es el alto negociador chileno: «Chile trabaja por resultados, no por fechas»
— ¿Existe en Chile expectativa por el discurso de Evo Morales este 23 de marzo?
— Yo diría que se espera con atención.
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