«Usted no sabe lo que pasa aquí, le voy a enviar la carta de un boliviano que estuvo preso en un Centro de Internamiento, pero no me pida que le cuente mi testimonio, me perseguirían, nos vigilan, nos escuchan».
Ésa fue la respuesta que dio (Fabián (nombre convencional), un boliviano que vive en Madrid, a quien se le contactó para que relate la historia de su detención en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), en España.
Los CIE son espacios no penitenciarios en los cuales se detienen a las personas extranjeras en situación irregular, privándolas de libertad durante un período máximo de 60 días, aunque en muchos casos llegan a estar más tiempo, según la denuncia de diversas organizaciones de activistas. El objetivo de la detención es facilitar su expulsión.
«Tengo varios amigos que han estado en los CIE, los tienen ahí semanas, meses, hasta que logran conseguir espacios en las compañías aéreas, juntan a la gente y los distribuyen a sus países», relata Antonio (nombre ficticio), un boliviano que vive en España hace cinco años, lapso en el cual fue detenido tres veces y 40 fue «parado» por la Policía.
Antonio asegura que tuvo «la suerte» de no ser llevado a un CIE porque a sus amigos que fueron internados en esos centros «no les dieron tiempo a recoger su ropa ni nada, les mandan así como están, no puedes sacar ni dinero de su cuenta, ni nada, van directamente al avión. Hay gente que se resiste y cuando llega al aeropuerto empieza a armar un escándalo, grita, llora, se agarra de las escaleras y, a veces, eso le salva para no ser deportada», cuenta.
El problema de los CIE es que los migrantes en situación de irregularidad son privados de su libertad y sufren una serie de agresiones físicas y psicológicas, según la denuncia de migrantes bolivianos que viven en España y de activistas que trabajan con este grupo de personas.
«Es una cárcel, a veces no hay ni salud, no tienen ni condiciones higiénicas, ni un cepillo de dientes», relata una mujer que conoció los reclamos de varios extranjeros detenidos en los CIE.
Jorge Mondaca, representante de Espacios Sin Fronteras en Bolivia explica que «los CIE son cárceles de migrantes, es tan cruda la realidad de los centros de internamiento, que ni siquiera pueden entrar los diputados, senadores a hacer una inspección… Los detenidos son enmanillados y luego escoltados; se los considera como verdaderos delincuentes».
De hecho, las autoridades bolivianas no saben cuántos bolivianos pasaron por esos centros. El director general de Régimen Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores, Alfonso Hinojosa, indicó que «ni siquiera se les informa a nuestras autoridades consulares de estas detenciones».
El periodista Edwin Pérez Uberhuaga repite el testimonio de un boliviano que estuvo detenido en uno de esos centros: «He visto la agresión de policías a bolivianos y africanos, el aborto de una mujer bosnia y escuché los insultos y amenazas de guardias porque yo les dije que la comida estaba quemada». Pérez dice que hay bastantes bolivianos. ‘Habemos tantos que hasta un teléfono público es exclusivo para nosotros, pero a veces se cuelan dominicanos o colombianos’, ironiza.
Detención. Las detenciones a migrantes son muy frecuentes y no se escatima ningún lugar para detenerlos. Antonio recuerda que en la víspera del 6 de agosto (de 2010), el Consulado boliviano preparó una serenata para todos los connacionales, para lo que se invitó a diversos grupos para representar danzas y música bolivianas.
«Se los llevaron en la boca del metro antes de llegar a las instalaciones del Consulado. El Cónsul trató de hablar para que les dejen participar en la serenata a Bolivia el 5 de agosto, pero al final se llevaron al cantante del grupo y a los bailarines porque no tenían papeles», explica Antonio.
Fueron unas 10 personas detenidas por agentes civiles que esperaban su arribo en la salida del metro. Hasta ahora no se conoce el destino que corrieron.
descripción. En España hay nueve de estos centros, según el informe «Voces desde y contra los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE)» elaborado por Ferrocarril Clandestino, Médicos Mundo Madrid y SOS Racismo Madrid, presentado en diciembre de 2009. Uno de los testimonios que recoge ese informe señala que «Allí (CIE de Aluche) yo conocí a una persona que venía de la cárcel y ella quería regresarse a la cárcel, porque decía que estaba mejor ahí que en el Centro. Porque en la cárcel, al menos, hay patio. Pero allí todo es lo mismo, las 24 horas bajo la sombra. No se ve la calle, todo está frío, estamos por los suelos. [Rosario, boliviana, detenida en noviembre de 2007]».
retorno. Cada minuto se hace interminable en los CIE y más cuando los policías empiezan a gritar los números que saldrán, dice Esteban (nombre convencional), un boliviano que estuvo detenido nueve días en el Centro de Aluche (Madrid). En esos centros a los detenidos se les da un número con el cual se los nombra durante su estadía.
«Si te llaman en la mañana es deportación, si te llaman en la tarde es libertad. A mí me llamaron en la tarde y celebramos, pero después me llevaron directo al avión y ahora estoy aquí (Santa Cruz)». A Esteban no le hicieron firmar ningún papel de compromiso de que no volverá a España en cinco años, como hacen con los deportados, pero tampoco le llevaron ante un juez para que determine si correspondía o no su expulsión.
Al final, la carta de Fabián no llegó y sólo respondió «no tiene sentido que denuncie, si las cosas aquí no cambiarán».






