Las lágrimas corren por las mejillas de Roxana cuando se le pregunta qué es lo que siente cuando entrega lo donado, que trae de Estados Unidos, país donde vive hace 27 años. «Es una bendición de Dios, mi corazón se llena de lágrimas y quiero seguir haciendo esto», dice.
«Ellos son mis viejitos, son mis wawitas a los cuales tengo que llevarles mi ayuda», rememora la respuesta que dio a sus hijos cuando le preguntaron: ¿Cuántos hijos más tienes en Bolivia para colaborarlos?
Ella relata que nació en un hogar pobre integrado por su madre y cuatro hermanos. Debido al bajo salario de su progenitora, no tenían una vida cómoda. Es por eso que, una vez pudo, decidió, el año 2000, ayudar a niños y ancianos que pasan por la misma situación.
Garajes. Roxana asegura que del sueldo que gana como técnica en computación en una empresa en Springfield (Virginia), invierte 200 dólares en la compra de ropa usada, sillas de ruedas, muletas y juguetes en las ventas de garaje que las familias de ese país hacen los fines de semana. A esta actividad de venta y compra se llama Yard Sale. «Veo por internet quién va a vender lo que necesito y lo adquiero», explica.
Los productos así conseguidos son enviados en paquetes por barco a La Paz, para que los familiares de Roxana los recojan y guarden hasta su llegada. «Hace un año y medio que otra familia, de apellido Elías, me ayuda a guardar en un depósito todo lo que se envía y me informa si hay requerimientos de gente o instituciones necesitadas».
Cuando se le pregunta cuántas donaciones entregó hasta el momento, ella asegura que perdió la suma, pero calcula que son unas 100 entregas de varios bienes. Las donaciones han llegado a centros que trabajan con personas de capacidades diferentes, a indigentes y a niños y a adultos de escasos recursos que viven en las zonas periurbanas de la ciudad.
También ofrece, con ayuda de sus familiares en La Paz, almuerzos en olla común que se reparten desde su casa. Para ello, reparte invitaciones en papel a la gente que vive en las calles, para que pasen por su vivienda al día siguiente. Además les entrega ropa y otros implementos.
Ella señala que en Estados Unidos tiene facilidades para adquirir los productos a bajo precio e incluso gratis. «Una vez estaba con mi enamorado y un señor dijo que nos vendería una silla de ruedas a 25 dólares, mi novio le pidió a 15, entonces yo le hablé de mi país y de lo que yo hacía, y me la dio gratis», sonríe.
Roxana estuvo en La Paz a mediados de marzo. Con ayuda de la familia Elías, repartió 100 cuadernos, 1.000 hojas de carpeta, juguetes, además de jugos a los damnificados del deslizamiento en la ladera este. Retornará en breve, y si bien desconoce a quién entregará esta vez su ayuda, ya piensa en comprar más cosas de los Yard Sales.
Ayuda en familia y verificación
Cada vez que Roxana Escalier visita la ciudad, verifica si el centro o la gente a la que ayudará son personas necesitadas; luego firma un comprobante de donación que dispone que el producto entregado debe ser traspasado a otra persona necesitada una vez que la primera ya no lo requiera.
Antes de conocer a la familia Elías, la paceña llegaba cada año junto a sus hijos como ayudantes para cumplir la labor social. «Les enseñé que no todo en la vida es recibir, que hay que saber». Espera colaborar con otros departamentos, pero por ahora no cuenta con dinero para llevar sus compras a esos lugares.






