De voz fuerte, ronca, recitando tango, más que cantándolo, La Gata abrió el espectáculo con un vestido largo a tono con los zapatos de tacón plateados y un gran anillo en el dedo.
La acompañaron sus tres músicos: Marcelo Macri, en el piano; Wálter Castro, en el bandoneón; y Horacio Avilano, con la guitarra criolla. Afiches, Sur, Madame Ivonne, Toda mi vida (dedicado a La Paz, «por qué no»)… Manzi, Discepolo y Troilo fueron desfilando y confirmando la calidad de La Gata.
Ella, inquieta, movediza, coloquial, veloz para responder a los piropos del público. Así terminó la primera parte, con Varela declarando su profunda emoción por cómo iba ésta su primera visita a La Paz.
La segunda parte comenzó con una muestra instrumental escrita por Piazzolla, que permitió al trío de músicos lucirse, por separado y en conjunto. Varela ingresó con un traje corto. Le siguió un tango compuesto a pedido de Gardel en los años 20, cuando éste y sus amigos se quedaron en París «sin un solo mango». En la voz de Varela los tangos clásicos sonaban como nuevos.
Luego hubo reconocimientos de la Oficialía Mayor de Culturas, lo que motivó al público a pedir más. Esos temas los cantó sentada en el piso. Aunque el escenario quedó vacío, la gente no dejaba de aplaudir. Al final volvió para cantar Gata Varela, compuesto para ella.






